Alberto Guerra, en su mejor momento

Nacido en La Habana, Cuba, en 1982 posee una larga trayectoria, cumple 43 años en diciembre, casado con la actriz Zuria Vega, vive un momento dorado, con papeles destacados en Narcos, Griselda o Accidente. Inició su carrera con títulos como Vale todo o Ladrón de corazones, ahora acaba de estrenar la serie Me late que sí, en Netflix, con un gran éxito de crítica y público. Nos encontramos con él durante el pasado Salón Internacional Alta Relojería, rodeado de relojes porque Panerai acaba de presentarlo como amigo de la marca, con estas palabras: “El actor cubano —cuyo estilo asertivo, atrevido y seguro de sí mismo, ha cristalizado su presencia en la industria cinematográfica— encarna el ADN de la Maison y su colección Luminor”.

Le digo que está en la cumbre, y asiente: “Estoy en una colinita”, señala, y matiza, “bueno más que una colinita, es que los últimos cinco años de mi carrera me han llevado a trabajar en diferentes partes del mundo. Desde Chile hasta Japón, y lo agradezco mucho porque te conecta con otras culturas y otras maneras de hacer las cosas. Para mí eso es el arte, el arte no solo tiene que confrontar al que lo ve, también al que lo hace”, afirma. Y añade “como artista hay que asumir retos, ahora tengo muchos proyectos por salir, por ejemplo, acabamos de estrenar en Netflix Me Late que sí, una serie que me gustó muchísimo y estoy muy orgulloso, se logró un tono único basado en hechos reales. “Estoy muy contento con todo el elenco, que es muy bueno”.

En diciembre se estrena la segunda temporada de Accidente, que ha funcionado muy bien, ha sido uno de los grandes éxitos en español de Netflix. “Estamos los mismos menos los que hemos matado”, se ríe. “Y a finales de diciembre, se estrena la serie, en inglés, M.I.A un thriller de acción hecho en Estados Unidos, de Bill Dubuque, con Sonia Braga y Edward James Olmos en el reparto, y en Japón hice uno de mis proyectos más lindos. Ha-Chan, Shake Your Booty!”. El rodaje implicó vivir cinco meses en Japón, una experiencia a la que tuvo que adaptarse y lo hizo con éxito.

“Japón fue un shock no solo visualmente. Culturalmente no es lo mismo visitar que vivir en Japón, estuve con mucha cercanía, con la comunidad, la comida, la diferencia, las costumbres tan cercanas y tan lejos los seres humanos” comenta y continúa reflexionando sobre su travesía: “Cuando te relacionas con otras culturas sin prejuicios te vuelves más empático, lo entiendes mejor, eres más flexible, los contextos políticos, sociales… no puedes juzgar sin conocer, no hay que poner etiquetas, aunque lamentablemente sucede”. Sun duda le esperan nuevos horizontes.

“Con España tengo mucha relación y tengo muchas ganas de trabajar ahí, y si sale todo bien, iniciamos este 2026. El puente México-España funciona” dice satisfecho. Miro su reloj y me dice orgulloso “acabamos de renovar el acuerdo con Panerai, justo ahora que están impulsando la colección Luminor. Es hermosa. Y sobre todo esta pieza Luminor Marina Carbotech Limited Edition Mexico edición limitada de 60 piezas con la bandera, tiene un valor sentimental”, confiesa. “Hice unas fotos y ya me enamoré del reloj. Con las banderas, está elegante. Es único”. Me muestra orgulloso su muñeca. “Dedicado a México, ya me motiva. Es algo que cada vez vale más es un legado.

De las cosas que más me gusta de Panerai es su dedicación a la artesanía, tiene fibra de carbono que nunca queda igual, cada pieza es única, el cuidado de la correa, son detalles. Las letras en la caja trasera con las que pone México son muy emblemáticas”. Explica y relata que su afición a la relojería es reciente, “me he ido acercando poco apoco, mi abuelo materno era un amante de los relojes. Como cualquier tipo de artesanía me seduce, cuanto más te acercas más te gusta. Y cada vez lo valoro y aprecio más. Voy a hacer asistir a un taller en la manufactura, para ver cómo se hacen, conocer un poco más del mecanismo, me gusta la carpintería, la mecánica, la pintura, soy bueno con las manos y me gusta aprender y si es una arte distinto mejor; que una persona pueda armar un reloj y echarlo a andar me parece admirable”. Concluye.

Los autos también me gustan, “tengo un Volvo eléctrico, que es otra manera de pensar y conducir, y algunos autos antiguos como un MG herencia de mi suegro de 1958”. Otra industria que le empieza a seducir es la moda, “desde hace unos años me acerqué a Dolce & Gabbana con quien tengo una muy buena relación. Tuve la oportunidad de asistir a un desfile de ellos en Cerdeña, don- de presencié un atardecer que se combinaba con espejos y música creada para la ocasión. Un espectáculo. Sin duda, tengo una nueva dimensión en cuanto a moda se refiere. Esas cosas me impactan”, comenta el actor que viste impecable durante nuestro encuentro.

Guerra encuentra también en la literatur a un motivo de inspiración: “Las artes tienen su base literaria. Cada cosa que leo la llevo al lugar audiovisual, siempre pienso en cine” afirma. Mientras hablamos, el ruido de la ciudad entra por la ventana y le da pie para declarar: “Este país me cautivó, viví en Cuba, Argentina, India, pero mi base es México; montañas, volcanes, selva, cultura prehispánica”. Se le llena la boca de maravillas mexicanas, y le gusta mucho también su gastronomía “Con Panerai hemos hecho experiencias gastronómicas con Cana y la chef Fabiola Escobosa y ahora hacemos una degustación culinaria entre Italia y México, con Sartoria y Maizajo. Y nos recuerda “todos los que trabajan con sus manos me parecen admirables”.

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