Valentino, el costurero de la elegancia

Valentino Garavani fue, es y será sinónimo de elegancia. Sus vestidos han sido portados por reinas, primeras damas, modelos y estrellas de cine, convirtiéndose en piezas clave de la moda más refinada de la historia. La presidenta de Italia, Giorgia Meloni, lo resumió con precisión al declararlo “el maestro indiscutible del estilo y la elegancia y el símbolo eterno de la alta costura italiana”, una afirmación que refleja el sentir unánime del mundo de la moda tras su fallecimiento a los 93 años.

Nacido en 1932 en Voghera, entre Milán y Génova, Valentino Ludovico Clemente Garavani estaba destinado a trascender su propio nombre para convertirse en una leyenda. En 1960 fundó su casa de moda y, desde entonces, comenzó a construir un imperio basado en la excelencia, el lujo y una obsesión casi artesanal por el detalle. Aunque vendió la firma en 1998, nunca se desligó del todo de la maison que llevaba su nombre y su ADN creativo.

Durante los años sesenta, Valentino encontró en Jackie Kennedy una de sus grandes musas, marcando una era donde la sofisticación era un gesto natural. A ella se sumaron figuras icónicas como Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn y la princesa Diana de Gales, mujeres que entendieron su visión de la feminidad: poderosa, elegante y atemporal. Cada vestido era una declaración silenciosa de buen gusto, lejos de estridencias, cerca de la perfección.

Especial mención merece Naty Abascal, modelo y estilista, quien lo acompañó desde los inicios y siempre destacó el cuidado absoluto que Valentino ponía en cada detalle. Tras su muerte, escribió un emotivo mensaje recordándolo como “más que un amigo: un maestro de vida, de estilo, de gusto y de elegancia”, acompañado de flores, su gesto favorito. Ese lado humano, cercano y sensible, convivía con el genio creativo que deslumbró al mundo.

Apodado “el emperador de la moda”, Valentino hizo del rojo su color fetiche, creando el inconfundible “rojo Valentino”, hoy parte del imaginario colectivo del lujo. Para él, la elegancia no era una fórmula rígida, sino un equilibrio delicado: “la elegancia es un balance entre proporción, emoción y sorpresa”, solía decir. Una frase que resume su filosofía y su obra.

A su lado, desde la creación de la empresa, estuvo siempre Giancarlo Giammetti, socio y compañero de vida, pieza clave en la consolidación de la casa Valentino como referente global. Hoy, el mundo de la moda está de luto, pero también agradecido. Porque más allá de las pasarelas, Valentino Garavani deja una guía estética y moral que seguirá inspirando a diseñadores, amantes del estilo y a todo aquel que crea que la elegancia nunca pasa de moda.

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