José Alfredo Jiménez, el rey cumple 100 años

Nació el 19 de enero de 1926 en Dolores Hidalgo. Su adolescencia transcurrió en la Ciudad de México, donde comenzó a componer canciones como Cuando el destino y Paloma querida, que llegaron a oídos de Jorge Negrete, quien, admirado, grabó un disco con sus letras. Después vendrían piezas como Si nos dejan o La media vuelta. Sus poemas los cantaron los mejores intérpretes: Luis Miguel, Sabina, Serrat, Calamaro, entre otros.

Su obra forma parte de nuestra educación sentimental: generaciones enteras han cantado su dolor y su despecho con sus letras magistrales. “Uno de los poetas más significativos de México”, escribió Carlos Monsiváis. Antes de dedicarse a llenar cuadernos con palabras de amor, trabajó como mesero y fue jugador de futbol; era portero, pero de Primera División, en los equipos Oviedo y Marte. “El Rey” figura entre sus grandes éxitos, de ahí que se le apodara “El Rey” y también “El hijo del pueblo”.

A su entonces novia Paloma Gálvez le dedicó su primera gran canción, Paloma querida. Se casaron y tuvieron dos hijos: Paloma y José Alfredo. Después, en su relación con María Medel, tuvo cuatro hijos: Guadalupe, José Antonio, Martha y José Alfredo. En los últimos años de su vida, su pareja fue la cantante mexicana Alicia Juárez, a quien conoció cuando ella tenía 17 años y con quien se casó cuatro años más tarde. Con ella grabó un álbum y, en 1973, el cantautor falleció con apenas 47 años.

En total escribió unas 300 canciones —dicen que aún queda alguna inédita— y grabó cerca de 25 películas, convirtiéndose en un ícono de la cultura del mariachi. Cuando alguien pide una canción casi siempre es de José Alfredo. Decía Joaquín Sabina que “encarnó el alma de México”. Pero no solo el dolor amoroso inspiró su obra, también sufrió intensamente cuando creyó que su hija mayor, Paloma, moría. Entonces le dedicó la canción Si tú también te vas, aunque finalmente la niña se salvó. Él, agradecido, caminó hasta la Basílica de Guadalupe, como había prometido. “La Niña”, como se refería a su hija, creció y estudió literatura y poesía para desentrañar el talento de su padre, y escribió un libro: Cuando te hablen de amor y de ilusiones. Su hija Paloma cuenta que José Alfredo fue un gran padre que buscaba estar con sus hijos entre viajes y giras.

Cuando lo veía en conciertos comprendía que su padre pertenecía a un mundo fuera de lo cotidiano. “Hubo un hombre que no tuvo reina, ni trono ni corona y el pueblo le hizo el rey, porque ese hombre, con sus canciones, su voz y su persona, hizo su propia ley”, le cantaba Juan Gabriel. En su primera casa, en Dolores Hidalgo, se levanta hoy un museo para los amantes de la leyenda, con imágenes, documentos, un recorrido biográfico, una experiencia digital inmersiva y un espacio para talleres y conciertos. La doctora en filosofía María Victoria Arechabala se ha sumergido en sus letras en su libro Las canciones de José Alfredo Jiménez. Una escucha analítica (Trilce), y concluye que sus composiciones siempre dejan una salida. “Se mezcla con la cultura ranchera y del mariachi, y su música trasciende. “El Rey” lo cantan en Pamplona o en Tokio: es un gran misterio”. El propio José Alfredo, en sus canciones, nos revela su metodología: “Voy a buscar palabras en el cielo”.

Autor


TE RECOMENDAMOS