Con proyectos como el Guggenheim de Bilbao, hizo que el arte fuera al mismo tiempo continente y contenido. Sus placas de titanio y sus formas nunca vistas alteraron paisajes e incluso redefinieron ciudades enteras. A la capital vasca la transformó por completo: su estructura de titanio aportó luz, vanguardia y un aire fresco al corazón de la urbe. La obra de Bilbao lo consagró definitivamente. “Le estaremos siempre profundamente agradecidos por el magnífico y audaz edificio que ideó para Bilbao. Su espíritu y su legado quedarán para siempre ligados a nuestra ciudad”, señaló la directora del museo, Miren Arzalluz, tras anunciarse la muerte del arquitecto a los 96 años. Desde entonces, en el ámbito de la arquitectura se habla del efecto Bilbao, la idea de cómo un solo edificio puede transformar una comunidad.
Gehry obtuvo el Premio Pritzker en 1989, el reconocimiento más prestigioso de la arquitectura. Tras el Guggenheim, creó una suerte de réplica con su sello personal: la sede de la Filarmónica de Los Ángeles, inaugurada en 2003. Reconocido constructor de auditorios musicales, también firmó el Jay Pritzker Pavilion de Chicago y el Pierre Boulez Hall de Berlín, en Alemania.En 2014 concibió otro monumento transformador, una escultura arquitectónica de formas sinuosas, esta vez en una de sus ciudades predilectas, París, en el Bosque de Bolonia.

De la mano de Bernard Arnault y del entonces presidente francés François Hollande, abrió las puertas de una de sus grandes obras: la Fundación Louis Vuitton de París, con 11,000 metros cuadrados de vidrio y siluetas asombrosas. Construido en el borde de un jardín de agua creado especialmente para el proyecto, el edificio está compuesto por un conjunto de bloques blancos —conocidos como icebergs— revestidos con paneles de hormigón reforzado con fibras, rodeados por doce inmensas velas de vidrio sostenidas por vigas de madera.
Estas velas otorgan a la fundación su transparencia y sensación de movimiento, permitiendo que el edificio refleje el agua, los bosques y los jardines, y que cambie constantemente con la luz. Quedaron sin estrenar dos de sus últimos proyectos: el Guggenheim de Abu Dabi, cercano al Louvre, otro monumento fastuoso que da cuenta de la frescura creativa de Gehry incluso a los 96 años, y la tienda de Louis Vuitton en Beverly Hills, un edificio de 8,000 metros cuadrados con un monumental y seductor juego de formas metálicas que albergará también un museo y un restaurante en Rodeo Drive.
Nacido en Toronto, cuenta la leyenda que, tras el impacto del Guggenheim en España, los herederos de la casa vinícola Marqués de Riscal, en La Rioja, le pidieron diseñar un edificio para su bodega. Gehry no estaba convencido: nunca había proyectado una bodega. Para seducirlo, lo invitaron a conocer el lugar y le ofrecieron uno de los tesoros de su colección: un vino de 1929, año de su nacimiento. Lo descorcharon, lo probó y se entusiasmó. Así apostó por el proyecto. El edificio es hoy bodega y hotel de Marqués de Riscal, un emblema de La Rioja y pionero del enoturismo.
Su obra metálica, con ondulaciones de titanio en tonos oro, plata y rosa, evoca los viñedos y deslumbra en el paisaje riojano. La mayor parte de su carrera la desarrolló en Los Ángeles, ciudad donde dejó numerosas obras, entre ellas una facultad de Derecho, un museo de ciencias y su propia casa, además de diversas viviendas. Sus construcciones monumentales parecen ligeras, como si volaran o bailaran.
Un ejemplo emblemático es su edificio en Praga, La Casa Danzante. Cuando Barack Obama le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción civil de Estados Unidos, señaló: “La obra de Frank nos enseña que, aunque los edificios sean sólidos y estén fijados al suelo, al igual que todas las grandes obras de arte, pueden elevar nuestro espíritu. Pueden elevarnos y ampliar nuestros horizontes”
