Mucho antes de que el fútbol se convirtiera en una plataforma natural para la moda, Levi’s ya exploraba ese territorio. En 1978, durante la Copa Mundial de la FIFA 1978, la firma se convirtió en patrocinador oficial de la selección mexicana, marcando un hito que, para la época, resultaba tan innovador como inesperado.

Levi’s no solo colocó su nombre junto al equipo, sino que participó activamente en el diseño de prendas utilizadas fuera del terreno de juego. Trajes de viaje, camisetas de concentración y piezas concebidas con una mirada distinta comenzaron a construir un lenguaje donde deporte y estilo dialogaban por primera vez de forma consciente. En un contexto donde el patrocinio aún no era una práctica consolidada, esta colaboración rompía códigos establecidos.

La iniciativa también trascendió el vestuario para conectar con la audiencia. A través de encuentros en tiendas, jugadores como Leonardo Cuéllar convivieron con aficionados, generando uno de los primeros puentes entre marca, deporte y comunidad en México. Era, en esencia, una forma temprana de entender el fútbol como experiencia cultural, más allá de los 90 minutos en la cancha.

Más allá de los resultados deportivos, aquel momento dejó una huella significativa: introdujo la idea de que la moda podía ser parte activa del relato futbolístico. Una visión que hoy resulta natural, pero que en su momento abrió una conversación sobre identidad, expresión y pertenencia dentro del universo deportivo.

A casi cinco décadas de distancia, y con la llegada de la Copa Mundial de la FIFA 2026, esa conexión cobra nueva relevancia. El fútbol vuelve a ser el epicentro de la cultura global, y Levi’s recuerda que, mucho antes de que el estilo entrara al juego, ya estaba escribiendo sus primeras jugadas fuera de la cancha.
