MARÍA ESTÉVEZ / FOTOS: DUANE MICHALS PARA BOTTEGA VENETA
Recién salido de los páramos de Cumbres Borrascosas, Jacob Elordi regresa al lugar donde se convirtió en un rostro global con el estreno de la tercera temporada de Euphoria. La serie de HBO vuelve el 12 de abril, tras cuatro años de pausa, con un salto temporal que sitúa a sus personajes cinco años después del final anterior.
Elordi retoma a Nate Jacobs en una etapa distinta, ya fuera del instituto y enfrentando a una vida adulta que arrastra las heridas del pasado. La nueva temporada, planteada como cierre, propone un tono más oscuro y un enfoque más fragmentado, con tramas que se separan y se vuelven más íntimas. El personaje de Zendaya ha escapado a México y el de Elordi, según ha adelantado, se mueve en un territorio más aislado, casi en los márgenes del relato.

Jacob Elordi es embajador de Bottega Veneta desde 2024. Esta imágen pertenece a una serie de 12 fotografías capturadas por Duane Michals para la campaña What are Dreams.
Ese regreso marca el presente inmediato de un actor que no deja de sonar como posible sucesor de James Bond. Hay algo en Jacob Elordi que remite a la quintaesencia del galán de Hollywood: su mandíbula, su altura, su presencia… rompen los esquemas de la audiencia. Hacía tiempo que no emergía una estrella de ese calibre. En persona es aún más magnético porque habla despacio, con voz grave, y hace pausas; pausas que aceleran el pulso de quien le escucha. Su ritmo resulta inusual.
Por su carisma, Cumbres Borrascosas, la adaptación dirigida por Emerald Fennell junto a Margot Robbie, provocó tumultos en los cines. Hordas de jóvenes se agolpaban para verlo interpretar a Heathcliff en esa lectura moderna de la novela de Emily Brontë. Su personaje parece movido por impulsos vengativos e insiste incluso cuando el daño resulta evidente. “Hace todas las cosas que no deberías hacer en la vida real”, dice el actor.
Sin embargo, en la conversación Elordi alude una y otra vez a Frankenstein, la película dirigida por Guillermo del Toro en la que interpreta a la Criatura y que le ha valido su primera nominación al Oscar. Ahí el registro cambia. El personaje nace de fragmentos, de partes ensambladas, de una identidad construida desde la falta de unidad. “Cuando leí el guion, cada palabra de la Criatura era algo que yo mismo me preguntaba”, explica. Elordi describe el proceso como una forma de identificarse con la duda. “Era como ser Job preguntándole a Dios por qué”.
La pregunta se repite: “Toda mi vida es una secuencia de despertarme y pensar: ¿por qué?”. En el contexto de la película, esa inquietud se convierte en motor del personaje. La Criatura observa el mundo desde una conciencia que acaba de formarse. Elordi habla de ese aprendizaje como un proceso físico. Para preparar el papel, trabajó con el cuerpo de manera específica. Del Toro le sugirió estudiar butoh, una danza japonesa asociada a la muerte y a la reanimación. El actor incorporó ese lenguaje como una forma de habitar el cuerpo desde cero. “Se trataba de entrar en el cuerpo como si fuera nuevo”.
La preparación incluyó también observaciones cotidianas de niños cercanos y a su propio perro. “Tiene una inocencia en la manera de moverse y de mirar que me ayudó a crear el personaje”, dice. Esa referencia le sirvió para construir una gestualidad inicial. Recuerda un momento concreto durante el rodaje en un hotel de Toronto: “Dudaba sobre cómo sostener al personaje fuera de la teoría. Mi perro se acercó, tocamos las narices y sentí una pequeña descarga. Ahí supe que el personaje estaba bien concebido”, cuenta.
Sin redes sociales, Elordi trata de proteger su vida privada porque a él le gusta la idea de moldear los personajes. “Cuando preparo un personaje, tengo que asimilar la dimensión emocional. Creo que todo el dolor ya está en nosotros”, explica. Para él, el proceso consiste en acceder a algo que aún no conoce: “No se trata de inventarlo, sino de encontrarlo”. Esa aproximación lo llevó a una reflexión más amplia sobre el dolor. “Tengo la sensación de que ya he vivido la pérdida de mi madre, aunque siga viva”, comenta, introduciendo una idea de anticipación emocional que atraviesa su trabajo.

Jacob Nathaniel Elordi, a los 12 años, ya hacía poses dramáticas en los pasillos de su casa emulando a Paul Newman y Laurence Olivier. Nació en Brisbane, en una familia católica de clase media-baja. Sus abuelos y su padre emigraron desde el País Vasco a Australia con apenas recursos. Su padre, pintor de casas, tardó trece años en construir la vivienda familiar. Su madre fue cocinera voluntaria en un instituto.
Siendo el menor de cuatro hermanos, comenzó a recibir clases de interpretación muy joven. Su sensibilidad artística le valió episodios de bullying: “Desde que participé en una obra de teatro, empezaron a decir que era poco masculino”. Con el tiempo dejó de preocuparse por el qué dirán y encontró en ello una ventaja. “Pasaba los fines de semana leyendo versos románticos con las alumnas más guapas del colegio de al lado”. Fue entonces cuando se aficionó a la poesía. Su relación con la literatura también forma parte de su identidad y no deja de mencionar a Philip Larkin como refugio y referencia.
Tomando como referente a Heath Ledger, se trasladó a Los Ángeles, a más de 11,000 kilómetros de su casa. Durante un tiempo durmió en su coche en Mulholland Drive. Con Euphoria consolidó su fama global, pero en su audición tenía apenas 400 dólares. “Si no me hubiera ido bien, habría vuelto a casa”.
A partir de ahí, firmas como Valentino, Bvlgari y Botega Venetta lo reclamaron para campañas y desfiles. La fama lo abrumó. Aún hoy dice sentirse un impostor; por eso lleva camisas con imágenes de sus personajes, como recordatorio del camino recorrido. Cuando habla de su infancia aparece su padre, su gran referencia, aunque el pro-genitor no siempre entiende del todo su profesión. A través de él, su vínculo con el País Vasco permanece vivo. De hecho, este año ha expresado su deseo de trabajar en España y le interesa especialmente colaborar con Óliver Laxe, tras quedar impresionado por su película Sirat: Trance en el desierto.
Su madre, en cambio, ha sido un apoyo constante. Fue quien sostuvo su decisión cuando no había resultados visibles. Elordi le prometió que la llevaría a los Oscar, y este año cumplió su palabra en el Dolby Theatre de Los Ángeles: “Siempre ha creído en mí. Sin ella estaría completamente perdido”. En su vida personal, ha sido etiqueta-do como el “rompecorazones” de la generación Z. Joey King fue su primera pareja mediática; después llegaron relaciones con Zendaya y Kaia Gerber. La más larga ha sido con Olivia Jade Giannulli, entre 2021 y 2025, con rumores de una posible reconciliación.
Antes de terminar, vuelve a una idea que atraviesa toda la conversación: el trabajo como un espacio para enfrentarse a preguntas sin respuestas definitivas. Sus personajes habitan zonas de conflicto y en su forma de interpretarlos hay siempre margen para la duda.
