El arte del abanico: lujo, herencia y creatividad en movimiento

En el universo de la hospitalidad de alto nivel, pocos símbolos condensan con tanta precisión una filosofía como el abanico de Mandarin Oriental. Más que un elemento visual, es una declaración de principios: elegancia, atención al detalle y una profunda conexión con sus raíces asiáticas. Desde su adopción en 1985, este emblema ha evolucionado como un lienzo creativo que cada propiedad reinterpreta con sensibilidad local, convirtiéndose en una obra que trasciende lo decorativo.

Con una historia que se remonta a 1876, la marca ha construido un legado donde el lujo se define por la autenticidad cultural y el savoir-faire. En este contexto, el abanico se transforma en un puente entre tradiciones y territorios. Cada nueva apertura invita a artistas y diseñadores a plasmar en él la esencia del destino, dando lugar a piezas únicas que dialogan con la historia, la arquitectura y el espíritu del lugar.

En Mandarin Oriental Lutetia, Paris, esta tradición alcanza un nivel de exquisitez excepcional. El abanico Signature, creado por la histórica Maison Duvelleroy, es una pieza de alta artesanía que rinde homenaje a la ciudad. El diseño incorpora el barco, símbolo de París, junto a un delicado remache en forma de margarita que evoca a Marguerite Boucicaut. Elaborado con marquetería de paja, maderas exóticas y nácar, su creación requirió más de 230 horas de trabajo, reflejando una devoción casi poética por el detalle.

Por su parte, en Mandarin Oriental Conservatorium, Amsterdam, el abanico adopta una dimensión más experimental. Diseñado por el colectivo artístico DRIFT, la pieza se inspira en la interacción constante entre luz, aire y agua que define a la ciudad. Tonos dorados y cobrizos se desvanecen hacia matices más fríos en un degradado que evoca tanto los canales como la arquitectura híbrida de Ámsterdam, donde lo histórico y lo contemporáneo coexisten en armonía.

Así, Mandarin Oriental reafirma su capacidad de reinterpretar el lujo desde la sensibilidad cultural. Cada abanico no es solo un símbolo, sino una narrativa tangible que conecta pasado y presente, Oriente y Occidente. En un mundo donde la experiencia lo es todo, estos objetos silenciosos cuentan historias que solo se revelan a quienes saben mirar —y apreciar— el arte en los detalles.

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