En el espectacular escenario del Centro Cultural Fábrica de San Pedro, en Uruapan, Michoacán, la Fundación Javier Marín ha mostrado una gran exposición de talento donde conviven la máquina y el hombre. No en vano el escenario es una antigua fábrica textil de grandes dimensiones que todavía alberga alguna de las máquinas y piezas de los telares que le dieron gloria.

La Sala de Máquinas del Centro Cultural, como dice el equipo curatorial, es un espacio que materializa la memoria. Son piezas que evocan los inicios de la revolución industrial en Uruapan en los siglos XIX y XX. Sin duda una labor de arqueología industrial. La Fundación Marín no solo ha rescatado estas piezas del olvido si no que le ha dado vida al espacio donde conviven telares viejos, con piezas de artesanía de creadores bajo el paraguas de la Fundación.

El rio Cupatitzio fue testigo y motor de este crecimiento industrial gracias a los motores hidráulicos que realizaban tejidos, ropa, telas, uniformes y mantas que se distribuían por el mundo. En la parte superior en la línea de la Fundación Javier Marín de crear espacios de encuentro y colaboración ha habilitado una sala de exposiciones donde piezas, telas objetos residuales, cobran nueva vida en manos de los artistas.

Vemos retratos y representaciones anatómicas y expresiones artísticas de muy distintas dimensiones. Un festival de creatividad, donde destacaba la obra de Salvador Luna con cerámica en un círculo suspendido o la yucateca Marcela Diaz, con vestidos gigantes, clásicos como Alberto Gironella.

Retratos, collages, esculturas y fotografías en una vieja fábrica que muestran una nueva vida. La inauguración de la exposición coincidió con la gran fiesta de los artesanos de Michoacán que desfilan en Uruapan y exponen en un gran tianguis el talento de una región virtuosa con el cobre, la madera, la cerámica, las telas, arte plumario, de cera y bordados.
