Hay una delgada línea entre la precisión y la audacia, y pocas marcas la habitan con tanta naturalidad como TUDOR. Bajo su filosofía “Born to Dare”, la casa relojera da un paso más allá al asociarse con The Flying Bulls, un escuadrón que encarna el vértigo de volar al límite, ya sea pilotando aeronaves acrobáticas de más de 80 años o ejecutando maniobras imposibles en helicópteros invertidos.

Con una flota de 45 aeronaves —entre aviones históricos y helicópteros acrobáticos— y un equipo de 12 pilotos, The Flying Bulls se ha consolidado como una de las fuerzas más espectaculares de la aviación contemporánea. Sus exhibiciones alrededor del mundo desafían la física y cautivan al público con una mezcla de precisión técnica y estética impecable, donde cada segundo cuenta. En la muñeca, un reloj TUDOR acompaña cada maniobra, marcando el tiempo en cualquier zona horaria.

La historia del escuadrón se remonta a finales de los años ochenta, cuando el piloto Sigi Angerer, apasionado de la aviación clásica, comenzó a restaurar aeronaves históricas en Austria. Su encuentro con Dietrich Mateschitz marcaría un punto de inflexión: juntos transformaron esta pasión en un símbolo vivo del espíritu de Red Bull, dando origen a una flota que pronto conquistaría los cielos.

Desde la creación oficial de The Flying Bulls en 1999, el proyecto ha evolucionado hasta convertirse en una referencia global, combinando excelencia técnica, ingeniería de precisión y una estética que rinde homenaje a la aviación clásica. Con base en Austria y presencia en los escenarios más importantes del mundo, cada vuelo es una coreografía donde el riesgo y la elegancia conviven en perfecta armonía.
Hoy, la alianza entre TUDOR y The Flying Bulls celebra una misma visión: la de quienes desafían los límites con carácter y estilo. Una unión donde el tiempo no solo se mide, sino que se vive en el aire, a máxima velocidad y con una precisión que roza lo extraordinario.
