Somma Rooftop, el vino toma altura en la Roma

En una ciudad donde las terrazas dictan el ritmo social y las noches suelen empezar sin hora de cierre, Somma Rooftop llega como una de las aperturas más interesantes de la temporada. El proyecto, que desde 2024 ha renovado la escena del wine bar en Ciudad de México, presenta ahora una nueva sede en la Roma con una propuesta más abierta, relajada y contemporánea. Un lugar pensado para quienes disfrutan el vino sin protocolos innecesarios.

Desde su origen, Somma nació con una idea clara: el vino no tiene por qué sentirse distante ni solemne para ser excelente. Su nombre, inspirado tanto en el bienestar imaginado por Aldous Huxley como en la figura del sommelier, resume una filosofía donde el placer, la curiosidad y la ligereza conviven con la técnica y el criterio. El resultado es una experiencia que elimina barreras y acerca el vino a nuevos públicos sin sacrificar profundidad.

Detrás del concepto hay un equipo que entiende el lifestyle contemporáneo desde distintos ángulos. Erik “Cometa” Gómez dirige la operación con precisión y hospitalidad; Kike Barrios aporta la sensibilidad nocturna y la curaduría musical que define el ambiente; mientras Pablo Mata, al frente de la selección enológica y gastronómica, diseña una carta donde conviven etiquetas reconocidas con regiones emergentes y descubrimientos inesperados.

Uno de sus mayores aciertos sigue siendo el vino por copeo, una fórmula ideal para explorar, comparar y dejarse sorprender sin necesidad de pedir una botella completa. La cocina acompaña con platos al centro, sabores nítidos y una ejecución flexible que funciona igual para una copa improvisada que para una cena prolongada entre amigos. Aquí todo invita a quedarse un poco más de lo previsto.

Con presencia previa en Río Lerma y Polanco, Somma confirma con esta apertura que el vino también puede ser parte natural del pulso urbano. Somma Rooftop, abierto todos los días de 1:30 pm a 1:00 am, entiende algo esencial: hoy el lujo ya no consiste en la formalidad, sino en encontrar lugares donde la conversación fluye al mismo ritmo que la música y las copas.

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