El mito de Brigitte Bardot dejó más polémicas, fotografías y leyendas que buenas películas. Pero su personalidad y su misterio la acompañaron hasta sus últimos años. Como un legado —casi un testamento— dejó escrito un peculiar diccionario, Mon BBcédaire. El libro arranca con dos citas que definen a la estrella: “La libertad es ser uno mismo, incluso cuando resulta incómodo” y “los animales son los ángeles de esta tierra. Merecen nuestro respeto más que nuestras disculpas”.
Dejó el cine a los 39 años, pero no la escena pública, en la que siguió generando controversia hasta los años noventa. Los tres grandes mitos de la belleza del cine —Marilyn Monroe, Greta Garbo y Bardot— evitaron envejecer en la escena. Su belleza sedujo a una generación —hay quien dice que a todo un planeta— y se le vio junto a figuras como Picasso, Gainsbourg o Jean-Luc Godard.
La activista en defensa de los animales dejó un amplio legado: grabó 60 canciones y rodó 45 películas. Entre ellas destaca Y Dios creó a la mujer (1956), de Roger Vadim —el amor de su vida—, obra que la lanzó al estrellato. Después llegaron La petite B.B. ese mismo año y ¿Quiere usted bailar conmigo? En 1973 se retiró del cine y dedicó sus esfuerzos a la defensa de los animales. En 1985 recibió la Legión de Honor, pero rechazó aceptarla.

Su primera pasión fue la danza, el ballet clásico. Estudió y fue admitida en el Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza. Sin embargo, el director Roger Vadim la alejó de ese camino; fue el primero de sus cinco maridos. En 1954 realizó su primera película en Estados Unidos, Act of Love, coprotagonizada por Kirk Douglas.
En 1986 creó una fundación para la protección de los animales. Sin embargo, esa sensibilidad no se reflejaba en sus opiniones sobre la inmigración y el auge del islam en Francia, por las que fue multada por incitación al odio racial. Luchó en defensa de los perros abandonados y contra la caza de focas: nada animal le era ajeno. “He dedicado mi juventud y mi belleza a los hombres; voy a dedicar mi sabiduría y mi experiencia a los animales”, declaró.
Tras Vadim, se casó con el actor Jacques Charrier, con quien tuvo a su único hijo, Nicolas-Jacques. Su siguiente matrimonio duró tres años, con el playboy Gunter Sachs (1966-1969). Su cuarto esposo fue Bernard d’Ormale, simpatizante de la ultraderecha. Para celebrar sus 40 años posó desnuda para la revista Playboy.
En 1983 sufrió una sobredosis de sedantes y somníferos con vino y tuvo que ser hospitalizada tras un intento de suicidio. Sus posturas contra el islam y la construcción de mezquitas le generaron nuevos conflictos. En 2003 publicó Un grito silencioso, donde expresó opiniones controvertidas sobre los musulmanes y criticó también la comida rápida, a las personas transgénero, la homosexualidad y a diversas figuras políticas.
Pese a su desprecio hacia los líderes políticos, estos la admiraban. Emmanuel Macron propuso rendirle un funeral de Estado, pero Bardot prefirió un ataúd de mimbre con flores de colores en Saint-Tropez.
El periodista cultural Fabrice Gaignault, amigo suyo desde la infancia, fue uno de los últimos en entrevistarla para su libro Brigitte Bardot: Intime (Assouline). Recordaba en La Vanguardia que la diva, ya de 89 años, lo recibió rodeada de sus perros, con un cigarrillo en los labios y descorchando una botella de champán.
“Bebimos champán durante los dos días que duró la entrevista. Me recordó a aquellas estrellas de Hollywood de antaño, con un modo de vida placentero y excéntrico que ya ha desaparecido”. En esa última conversación, Bardot le dijo: “Soy, sencillamente, alguien que ha hecho lo que ha querido”.
