El auto más glamuroso de Cannes lleva amatistas y ADN de alta joyería

Hay colaboraciones que nacen para hacer ruido en internet y otras que simplemente entienden cómo funciona el lujo contemporáneo. La unión entre Chopard y DENZA pertenece claramente al segundo grupo. Durante la legendaria gala de amfAR en el Cannes Film Festival, ambas marcas revelaron el Chopard DENZA Z9 GT: un automóvil eléctrico one-of-a-kind que convierte la movilidad premium en algo mucho más cercano a una pieza de colección que a un simple vehículo.

El resultado parece imaginado por alguien que mezcla arquitectura futurista, alta relojería y cine europeo de los años setenta. Bajo la dirección creativa de Caroline Scheufele, el interior del auto fue intervenido con más de 1,800 amatistas, integrando los códigos visuales más reconocibles de la maison suiza dentro de una cabina que parece diseñada para cruzar la Riviera Francesa después de una cena infinita frente al Mediterráneo. Porque claro, cuando Chopard hace un automóvil, no piensa únicamente en manejo: piensa en atmósfera.

Y ahí está justamente lo más interesante de esta colaboración. El Z9 GT no intenta competir únicamente desde la tecnología eléctrica o el performance —aunque los tiene—, sino desde una idea mucho más emocional del lujo. La experiencia incluye relojes en oro ético de 18 quilates como el Happy Sport y el Alpine Eagle, además de equipaje artesanal creado por el diseñador Shiro. Es decir: no compras un auto; entras a un universo completo donde diseño, moda, relojería y movilidad conviven como parte del mismo estilo de vida.

La revelación del automóvil durante la gala amfAR también dejó claro hacia dónde se mueve el lujo en 2026. Ya no basta con fabricar objetos exclusivos; ahora las grandes maisons buscan crear experiencias culturales completas. El automóvil se convierte en extensión estética de quien lo maneja, casi como un reloj o una pieza de alta costura. Y en un momento donde muchas marcas de lujo siguen intentando entender cómo conectar con nuevas generaciones, Chopard parece haber entendido algo importante: el futuro del lujo probablemente será eléctrico, sí, pero también profundamente emocional.

Entre flashes, vestidos de haute couture y joyas imposibles, el Chopard DENZA Z9 GT terminó robándose una buena parte de la conversación en Cannes. No porque fuera el auto más rápido o el más tecnológico de la noche, sino porque logró algo mucho más difícil: recordarle al mundo que todavía existen objetos capaces de provocar asombro genuino. Y en tiempos donde todo parece diseñado para durar apenas un scroll, eso ya es bastante extraordinario.

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