Pascal Wehrlein vuelve a reinar en la Fórmula E

A veces, para ser campeón no hace falta cruzar la meta primero. Pascal Wehrlein lo comprobó en el E-Prix de Londres, donde aseguró su segundo título mundial de Fórmula E con un 14º puesto y sin sumar puntos. El piloto oficial de Porsche llegó a la última carrera con una ventaja que le permitió sobrevivir a un final caótico y terminar por delante de su principal rival, Jake Dennis, quien finalizó 18º al volante del Porsche de Andretti. Apenas cinco puntos separaron a ambos en la clasificación final, suficiente para que Wehrlein volviera a levantar el trofeo y se convirtiera, junto con Jean-Éric Vergne, en uno de los dos únicos pilotos con dos campeonatos en la historia de la categoría.

El título no fue producto de la casualidad. Wehrlein construyó su campeonato con tres victorias, seis podios y cuatro poles, cifras que lo colocaron entre los grandes protagonistas de una temporada especialmente competitiva. A sus 31 años, además, mantiene una distinción interesante: sigue siendo el último piloto alemán en conquistar un campeonato mundial de monoplazas desde Nico Rosberg en 2016. Y aunque Londres le obligó a sacar más calculadora que champagne, el resultado terminó siendo el mismo: campeón del mundo y con Porsche como compañero de viaje.

El otro gran vencedor de la temporada fue precisamente Porsche, que cerró la era GEN3 como el fabricante más exitoso de la Fórmula E. El Porsche 99X Electric consiguió seis de los diez títulos mundiales otorgados durante esta generación y acumuló 16 victorias para el equipo oficial, mientras que las escuderías oficiales y clientes alcanzaron 23 triunfos en conjunto. La marca ya había asegurado el campeonato de constructores en Tokio, aunque en Londres se le escapó el título de equipos, que terminó en manos de Jaguar TCS Racing. Nada dramático: incluso con ese trofeo fuera de la vitrina, el balance de Porsche sigue siendo de campeonato.

Más allá de los trofeos, Porsche también cerró la temporada con una iniciativa que merece tantas vueltas como las que dieron sus monoplazas. A través de “Racing for Charity”, la marca donó 400 euros por cada vuelta completada por Wehrlein y Nico Müller a las organizaciones Kinderherzen retten e.V., Interplast Germany e.V. y la Fundación Ferry Porsche. Después de completar el máximo de vueltas en la última carrera de Londres, la iniciativa alcanzó una donación total de 449,200 euros destinada a apoyar a niños gravemente enfermos alrededor del mundo. Una forma bastante elegante de demostrar que la velocidad también puede tener un propósito fuera del circuito.

Así, Porsche despide la era GEN3 con dos títulos mundiales —pilotos y constructores— justo cuando Porsche Motorsport celebra 75 años de competición, mientras Wehrlein mira hacia el siguiente desafío. El alemán ya avisó que quiere que llegue cuanto antes el GEN4, la próxima generación tecnológica de la Fórmula E. Si el capítulo que termina dejó al Porsche 99X Electric como el monoplaza más exitoso de esta etapa, el próximo promete subir todavía más la apuesta. Y con Wehrlein nuevamente vestido de campeón, Porsche parece tener claro que en el automovilismo eléctrico todavía queda mucha electricidad por descargar.

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