Play-Doh, volver a clases también puede ser divertido

Después de semanas de vacaciones, volver a levantarse temprano, preparar la mochila y sentarse frente a un cuaderno puede sentirse como un pequeño cambio de planeta. Por eso, el regreso a clases también es una oportunidad para recuperar poco a poco hábitos como la concentración, la creatividad, la comunicación y la motricidad. En ese proceso, el juego creativo y sensorial puede convertirse en un puente entre el ritmo relajado del verano y las nuevas exigencias del salón de clases, permitiendo que los niños aprendan mientras hacen algo que, afortunadamente, no se siente como tarea.

Ahí entra Play-Doh, que lleva más de 70 años demostrando que unas simples masitas de colores pueden convertirse en prácticamente cualquier cosa que pase por la imaginación. Psicólogos, terapeutas ocupacionales y educadores destacan el valor del juego manual como una herramienta que permite “aprender haciendo”, al involucrar los sentidos, estimular la coordinación y favorecer la expresión de ideas y emociones. Amasar, aplastar, estirar y moldear implica mucho más que terminar con una figura curiosa sobre la mesa: también pone en movimiento habilidades que acompañan el desarrollo infantil.

La magia está, precisamente, en que aquí no existe una respuesta incorrecta. Una bolita puede convertirse en un animal, una letra, un número o algo que ni siquiera tiene nombre todavía. Ese margen para experimentar permite que los niños prueben, se equivoquen, deshagan y vuelvan a empezar sin la presión de hacerlo perfecto. De acuerdo con especialistas en educación básica en México, este tipo de juego puede favorecer la motricidad fina, la lectoescritura y la estimulación sensorial, mientras ayuda a canalizar emociones relacionadas con los cambios de rutina. Y sí: si de paso se evita alguna que otra rabieta mañanera, bienvenida sea.

También existe un lado académico que resulta bastante menos solemne de lo que suena. Con Play-Doh es posible formar letras del abecedario, construir números, reconocer colores, crear figuras geométricas o representar conceptos sencillos mientras se juega. Para los niños en etapa preescolar y primaria baja, convertir estos conocimientos en algo tangible puede hacer que aprender resulte más cercano y memorable. Las manos se convierten así en una especie de pizarrón tridimensional donde cada idea puede tomar forma, desaparecer y volver a aparecer de otra manera.

En definitiva, el regreso a clases no tiene por qué comenzar con estrés, horarios imposibles y caras largas. Un poco de juego creativo puede ayudar a que la transición sea más amable y a que los pequeños recuperen confianza, autonomía y entusiasmo por descubrir cosas nuevas. Play-Doh propone justamente eso: que antes de llenar una libreta de tareas, también haya espacio para llenar la mesa de colores, formas e imaginación. Porque a veces, para prepararse para aprender, lo mejor que puede hacer un niño es simplemente jugar.

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