Handshake Cariño, México servido de otra manera

Después de años preguntándose hasta dónde podía llegar un cóctel, Handshake decidió cambiar la pregunta. Ya no se trata únicamente de qué puede hacer una bebida, sino de todo lo que puede contar. Así nace Cariño, un nuevo espacio íntimo para apenas 12 personas que propone explorar México desde una perspectiva distinta: a través de un menú degustación construido alrededor de sus destilados, ingredientes, sabores e historias. Una especie de viaje líquido por el país, aunque aquí quizá convenga olvidarse de la idea tradicional de “ir a tomar un cóctel”.

Porque en Cariño un cóctel puede llegar en una copa, pero también en un plato, transformarse frente al comensal o adoptar códigos que normalmente asociamos con la cocina. La experiencia se desarrolla en distintos horarios a lo largo de la noche y convierte cada servicio en una pequeña puesta en escena. La sorpresa forma parte del menú: lo que parece un plato puede esconder una bebida y aquello que esperamos encontrar en una copa puede presentarse de una manera completamente inesperada. En otras palabras, aquí hay que dejar las expectativas en la puerta.

La gran protagonista es México, pero sin sombreros de utilería ni clichés de postal. El país aparece a través de sus destilados, ingredientes, técnicas, sabores y relatos, utilizados como materia prima para construir una experiencia contemporánea. Hay agaves, por supuesto, pero también una mirada mucho más amplia sobre la riqueza gastronómica y cultural mexicana. Es una forma de entender que la identidad no necesita ser obvia para resultar reconocible: a veces basta un aroma, un ingrediente o una técnica para saber exactamente dónde estamos.

Y aunque la propuesta cambia de escenario, hay algo que permanece intacto: la obsesión de Handshake por la precisión y la técnica. Cada preparación está pensada con el rigor de la alta coctelería, solo que aquí las reglas parecen estar hechas para poder romperse. El resultado se encuentra en esa frontera fascinante entre cocina y mixología, donde beber deja de ser una acción automática para convertirse en una experiencia que involucra la vista, el olfato, el gusto y, por supuesto, la curiosidad.

Cariño es Handshake mirando a México desde otra perspectiva. Una conversación más íntima, más experimental y bastante más difícil de resumir en una carta convencional. Porque después de todo, quizá la mejor manera de descubrir un país no siempre sea recorrerlo de norte a sur; a veces también puede ser sentarse frente a una mesa para doce, pedir que empiece la experiencia y dejar que México llegue servido de una forma que nadie esperaba.

Créditos fotográficos: Edgar Xolot

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