Hay aviones que simplemente te llevan de un punto a otro y hay otros que hacen que mirar por la ventana vuelva a ser parte del viaje. El Boeing 787 Dreamliner pertenece a la segunda categoría. Esta familia de aeronaves fue pensada para conectar ciudades separadas por miles de kilómetros con vuelos de largo alcance y, en el caso del 787-9 de Aeroméxico, puede transportar hasta 274 pasajeros. Sus ventanas son más grandes, cuenta con compartimentos superiores de mayor tamaño, iluminación LED dinámica y una cabina diseñada para hacer que muchas horas en el aire se sientan un poco más naturales.
La verdadera estrella, sin embargo, está debajo de las alas. Los 787 de Aeroméxico utilizan motores GEnx de GE Aerospace, auténticos gigantes de la ingeniería aeronáutica. Dependiendo de la versión del Dreamliner, estos motores pueden alcanzar hasta 76,100 libras de empuje, unos 34,500 kilos, una cifra que ayuda a entender la dimensión de estas turbinas. Para ponerlo en perspectiva, es aproximadamente el peso de seis elefantes africanos adultos. Más allá de la comparación divertida, el GEnx también incorpora tecnologías destinadas a mejorar la eficiencia y reducir emisiones.

Y si el motor impresiona, el avión tampoco se queda atrás. El 787 fue diseñado con una utilización intensiva de materiales compuestos, que representan alrededor del 50% del peso de su estructura. La fibra de carbono permite reducir peso frente a estructuras tradicionales de aluminio, además de ofrecer resistencia a la corrosión y contribuir a que el avión tenga mayor autonomía y flexibilidad operativa. En el caso del 787-9 de Aeroméxico, la aerolínea señala una reducción de hasta 25% en emisiones de CO₂ frente a aeronaves de generaciones anteriores de cabina ancha que utilizaba.
Mantener semejante máquina en condiciones óptimas también requiere su propia dosis de precisión. Las labores de mantenimiento se dividen entre servicios que pueden realizarse durante la operación cotidiana de una aeronave y revisiones mayores que requieren llevar el avión a un hangar y trabajar sobre diferentes componentes durante periodos mucho más prolongados. En el caso de Aeroméxico, además, la compañía mantiene contratos específicos para el mantenimiento de los motores GEnx de sus Boeing 787 Dreamliner, una muestra de que detrás de cada vuelo hay toda una operación que continúa mucho después de que los pasajeros bajan del avión.
Y queda un dato para dimensionar hasta dónde puede llegar este titán. El 787 está concebido para rutas de largo alcance, con versiones capaces de alcanzar hasta 8,300 millas náuticas, unos 15,370 kilómetros. Aeroméxico utiliza sus Dreamliner para conectar Ciudad de México con destinos como París, Londres, Madrid, Tokio, Shanghái, Ámsterdam, Nueva York y Los Ángeles. Así que la próxima vez que subas a uno, quizá valga la pena mirar un poco más allá de la pantalla de entretenimiento y pensar que, bajo tus pies, viaja una de las piezas de ingeniería más sofisticadas de la aviación comercial.
Entrevista exclusiva | Detrás del 787 de Aeroméxico
A través de un recorrido por los interiores de nuestro Dreamliner #25, conoce junto a David Nakamura, Director Senior de Ingeniería, Planeación y Servicios Técnicos en Aeroméxico, algunos otros datos que hacen de esta aeronave una de las más sorprendentes en la industria:
