JAVIER FERNANDEZ DE ANGULO
Ese fue su mensaje cuando sintió que su vida se acababa. Se cumplen 35 años de la muerte de Freddie Mercury, líder de Queen, víctima del sida y una de las grandes voces de la historia de la música. Tenía 27 años cuando lanzó su primer álbum con Queen, en 1973; alcanzó la fama universal a los 29 con Bohemian Rhapsody y murió a los 45, en pleno esplendor. Vendió más de 300 millones de discos. Grabó sus últimas canciones en mayo de 1991 en Montreux (Suiza), ya enfermo, y murió en su casa de Kensington, Londres, un día después de anunciar que tenía el VIH.
Un breve comunicado anunció que «Freddie Mercury murió completamente en paz esta noche en Kensington, Londres». Su último álbum, Innuendo, incluye The Show Must Go On, que según sus amigos reflejaba su ánimo y fue número uno en el Reino Unido. Nacido en Zanzíbar (Tanzania) como Farrokh Bulsara, huyó a los 17 años con su familia de una sangrienta revolución y llegó a Inglaterra, donde estudió Arte y Diseño. Allí conoció a Mary Austin, el amor de su vida: convivieron siete años y ella siguió siendo su gran amiga pese a las relaciones homosexuales de él.

Su voz le permitió cantar con Montserrat Caballé, para quien compuso Barcelona. Queen nunca fue un grupo convencional: Brian May estudió astronomía, John Deacon ciencias y Roger Taylor biología. Aun así, su éxito habría sido imposible sin Mercury, gigante del escenario: en 1976 actuaron ante 150.000 personas en Hyde Park. Tras su muerte, George Michael, Phil Collins y Sandie Shaw expresaron su dolor. Mercury legó parte de su fortuna a la investigación del sida. En 1985 dijo de Austin: «Para mí, ella es como una esposa». Le dedicó Love of My Life y fue padrino de su hijo Richard. Su pasión fue la música hasta el último minuto: “Cuando no pueda cantar, moriré”.
