La cocina también es un punto de encuentro, y eso es justamente lo que sucede cuando Xilote y Frituur deciden unir caminos. Durante todo febrero, el chef Carlos Galán —al frente de Xilote y Guzina— toma la estufa de Frituur para reinterpretar dos de sus desayunos más emblemáticos con ingredientes, recuerdos y sazón de Oaxaca. El resultado es una colaboración que habla de identidad, técnica y confort bien entendido.

A partir de la versatilidad de los huevos benedictinos y el omelette, dos favoritos del menú matutino de Frituur, Galán propuso una lectura personal sin romper con la esencia belga-holandesa del lugar. Los huevos benedictinos oaxaqueños se sirven con tasajo y cecina enchilada, coronados con una salsa holandesa enriquecida con chile chintextle. El omelette, por su parte, se rellena de quesillo y chorizo oaxaqueño, y se baña generosamente con mole coloradito, logrando un equilibrio entre cremosidad, profundidad y carácter.

Detrás de esta colaboración está el espíritu de Frituur, un proyecto creado por Gypsy Lara y Glenn Van Damme que comenzó como un homenaje a los frituur de Bélgica y Holanda, y que con el tiempo evolucionó hacia un bistró de mirada amplia. Su cocina dialoga hoy con técnicas y productos de distintas latitudes, siempre adaptados al paladar mexicano y sostenidos por ingredientes de calidad y procesos artesanales.

Xilote, en cambio, es una carta de amor a Oaxaca. Desde su nombre —que alude a los primeros granos del maíz— hasta su interiorismo inspirado en los mercados tradicionales, el restaurante de Carlos Galán en Polanco busca evocar memoria y comunidad. Esta colaboración es una extensión natural de esa filosofía: platos que cuentan historias, ahora servidas en clave de desayuno. Disponibles del 1 al 28 de febrero, los huevos benedictinos oaxaqueños ($275) y el omelette cremoso con mole coloradito ($245) son una invitación a empezar el día con sabor, elegancia y sentido de lugar. IG: @frituur.mx

