El cronografo tricompax que debes tener

El Highlife Chronograph Automatic puede leerse como una pieza funcional, pero también —y sobre todo— como una obra de arte contemporánea aplicada a la muñeca. En el 25 aniversario de la colección Highlife, Frederique Constant no lanza simplemente un nuevo cronógrafo: presenta una composición donde forma, materia y ritmo dialogan con la tradición relojera suiza. Highlife, desde su origen, ha sido un lienzo moderno —brazalete integrado, diseño fluido, identidad clara— y en esta nueva interpretación el discurso estético alcanza una madurez que lo sitúa en el territorio del objeto artístico.

La estética del Highlife Chronograph Automatic se construye a partir del equilibrio. Las proporciones de su caja de 41 mm, el juego entre superficies pulidas y satinadas, y la arquitectura de la carátula crean una sensación de profundidad cuidadosamente orquestada.Destaca la edición limitada en acero, con carátula opalina y contadores verde pino, que introduce un lenguaje más gráfico y contemporáneo, con una paleta cromática que remite a la naturaleza y al movimiento. En ambos casos, el motivo del globo terráqueo, sello de Highlife, añade una dimensión simbólica: el tiempo como viaje, como exploración constante.

En el corazón de esta obra late el calibre automático FC-391, un mecanismo que puede entenderse como la parte invisible del arte: aquello que no siempre se ve, pero que da sentido a todo. Con su arquitectura tricompax, reserva de marcha de 60 horas y acabados visibles a través del fondo de zafiro, el movimiento revela la belleza técnica de la relojería suiza. Las Côtes de Genève, lejos de ser un mero adorno, funcionan como trazos que hablan de ritmo, repetición y precisión, conceptos profundamente ligados tanto al arte como al tiempo.

Esta aproximación artística no es ajena a la filosofía de Frederique Constant. Desde su fundación, la Maison ha defendido la idea de que el lujo —y también el arte relojero— debe ser accesible, honesto y contemporáneo. El Highlife Chronograph Automatic materializa esa visión: una pieza donde el saber hacer artesanal, el diseño y la mecánica se unen para crear un objeto bello, usable y coherente. Un reloj que no solo mide el tiempo, sino que lo interpreta, recordándonos que, cuando la relojería alcanza este nivel, el tiempo deja de ser solo una medida para convertirse en expresión.

Autor

  • Izaskun Esquinca

    Desde hace poco más de 18 años se ha especializado en alta relojería y ha sido editor y colaborador de las más prestigiadas firmas relacionadas con relojes.

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