Flavio Cobolli conquista el Abierto Mexicano de Acapulco

En la edición 33 del Abierto Mexicano de Tenis, el italiano Flavio Cobolli se impuso al estadounidense Frances Tiafoe por 7-6(4), 6-4, firmando así una victoria histórica para su país en tierras mexicanas. Era la primera vez que la bandera italiana ondeaba en lo más alto del certamen, y lo hizo con la naturalidad de quien sabe que el destino se construye punto a punto.

El desenlace fue tan emocional como competitivo. Mientras el público coreaba su nombre, Cobolli cayó de rodillas sobre la cancha de la Arena GNP Seguros, alzó los brazos al cielo y dedicó el triunfo a su novia con un beso lanzado a las gradas. En sus manos sostenía el codiciado Guaje de Plata —una pieza que describió con humor como una “pera” que le gustaría tatuarse—, símbolo de una semana impecable en la que nunca se asumió favorito, pero siempre jugó como campeón.

“Mi novia merece este título”, declaró en conferencia de prensa, fiel a la modestia que marcó su paso por Acapulco. A pesar de la presión constante de “Big Foe” en la red, el italiano mantuvo la compostura. El número tres lo acompañó como un guiño del destino: tercer título en su carrera y tercer enfrentamiento ante Tiafoe en el circuito ATP. Más que una coincidencia, un patrón que empieza a definir carácter.

La victoria no solo le dio un trofeo; le dio posición. A partir del 2 de marzo, Cobolli ascendió cinco lugares en el ranking mundial para instalarse en el puesto 15, una cifra que él mismo considera crucial. “Siento que puedo competir con los más grandes”, aseguró, con la confianza de quien ha descubierto que el talento, cuando se combina con disciplina, se convierte en argumento. Su esfuerzo por practicar español durante la semana terminó de conquistar a la afición mexicana.

En la otra cara de la moneda, Tiafoe también encontró recompensa: su condición de finalista le permitió escalar del puesto 28 al 22 del mundo. Así concluyó un torneo que vivió un antes y un después con la presencia como embajador del legendario Juan Martín del Potro. Acapulco cerró el telón con elegancia y pasión, recordándonos que el tenis, como la vida, es una cuestión de temple… y de saber besar el trofeo en el momento exacto.

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