Frituur nació de una mezcla poco común: amor, visión de negocio y una nostalgia entrañable por la cocina del hogar. Inspirado por los clásicos establecimientos de snacks fritos de Holanda y Bélgica, el proyecto de Gypsy Lara y Glenn Van Damme tomó forma al final de la pandemia. Después de nueve meses de búsqueda, encontraron un espacio que podían adaptar a su manera, dando vida a un concepto que abrió sus puertas en mayo de 2022 y que rápidamente se convirtió en un rincón imperdible para quienes buscan sabores distintos en la Ciudad de México.

Aunque en su origen un frituur es un lugar dedicado a papas fritas y croquetas, en México el concepto evolucionó para convertirse en un auténtico bistró. Su oferta ha crecido desde los tradicionales waffles belgas y desayunos, hasta platos más elaborados como el estofado de res, reinterpretando la cocina del norte de Europa sin perder su esencia. Todo bajo una filosofía clara: respetar la calidad de los ingredientes y mantener una preparación artesanal que honre la tradición.

Este templo culinario combina recetas, técnicas y productos provenientes de distintos rincones del mundo, pero siempre con una base belga-holandesa sólida. Glenn y Gypsy han logrado importar insumos clave —desde papas hasta quesos, cervezas y chocolates— para garantizar autenticidad en cada platillo. Las famosas frites, por ejemplo, siguen la técnica clásica de doble fritura, resultando en un producto digno de protagonismo por sí mismo. Cada waffle, cada croqueta, cada detalle del menú se prepara con dedicación y con un toque de adaptación al paladar mexicano, gracias a la creatividad de Gypsy.

Frituur también destaca por su servicio: cercano, amable, cálido, sin pretensiones. Esa atmósfera hace que los comensales —en su mayoría mexicanos buscando algo fuera de lo común— regresen una y otra vez. Para Glenn y Gypsy, los desayunos son la prueba de fuego: alrededor del 70% de quienes se sientan a esa hora son clientes recurrentes. La combinación de un menú generoso, sabores honestos y bebidas cuidadosamente seleccionadas crea una experiencia belga-holandesa que se siente tanto sofisticada como acogedora.

El menú es amplio y seductor: snacks, entradas, postres, waffles y una impecable selección de cervezas traídas desde Bélgica. Para desayunar, los favoritos son huevos benedictinos, omelette de chilaquiles y los infaltables waffles; mientras que para las noches la carta invita a platos reconfortantes como la hamburguesa, las steak frites, la currywurst, el tartine de sopa de cebolla o el muy belga stoofvlees parmentier, un estofado cocinado en cerveza Brugse Zot Dubbel y gratinado con puré de papa. El cierre perfecto es el tiramisú de galletas Speculoos, un guiño directo al corazón belga. Y por supuesto, la categoría frituur brilla con croquetas hechas en casa y papas acompañadas de distintas salsas.

En Frituur, cada visita es una oportunidad de explorar una tradición culinaria única, reinterpretada con sensibilidad y hecha con el cariño de un proyecto pensado para quedarse.

