Leonardo DiCaprio, combinación explosiva

TEXTO: MARÍA ESTÉVEZ

LEONARDO DICAPRIO ha hecho de todo. En los noventa fue el rebelde, el náufrago romántico que hizo llorar al planeta en Titanic; con el nuevo milenio, el corredor de bolsa desquiciado en El lobo de Wall Street; e incluso el hombre que se peleó con un oso para finalmente ganar un Óscar de la mano de Alejandro González Iñárritu. Y, sin embargo, a sus 50 años (sí, Leo ya sopla medio siglo, aunque aún parezca el eterno “niño bonito” de Hollywood), había un nombre que todavía faltaba en su recámara: el de Paul Thomas Anderson.

Ese hueco queda oficialmente cubierto con Una batalla tras otra (One Battle After Another), la nueva epopeya del director de Magnolia y There Will Be Blood. Según cuenta DiCaprio, la experiencia fue como “entrar en un dojo cinematográfico en el que nunca sabes si te van a enseñar kárate o te van a lanzar un piano por la cabeza”. Lo primero que llamó su atención no fue la posibilidad de presumir en las cenas que, por fin, trabajaría con PTA, sino Bob Ferguson, su personaje: un padre divorciado y desaliñado que olvida contraseñas discute con su hija adolescente y, sin embargo, termina convertido en el improbable héroe de una odisea que mezcla espionaje, persecuciones y lágrimas familiares.

“Me atrajo la humanidad del personaje”, nos confesó DiCaprio en el hotel Arter, con esa calma de quien ha sobrevivido tanto a persecuciones de fotógrafos como a tormentas mediáticas por la juventud de sus parejas. “No es un superhéroe, es un desastre andante. Su heroísmo está en seguir adelante, en no rendirse, aunque sea torpe, aunque meta la pata”. Para un actor que ha interpretado a multimillonarios, profetas y aventureros extremos, la idea de encarnar a un tipo que no recuerda su contraseña de correo electrónico fue, paradójicamente, liberadora. Cuando le pregunté si era más divertido interpretar a un héroe torpe que a uno perfecto, Leo no dudó: “Por supuesto, al imperfecto”. Y soltó una confesión que me hizo sonreír: su Bob Ferguson tiene un poco de The Dude, de El gran Lebowski, y un toque de Al Pacino en Tarde de perros.

“Esos fueron los personajes en los que me inspiré para crear a Bob”, confesó el actor. Su interpretación de un padre medio perdido, con look de resaca, es el retrato de la desesperación del hombre dispuesto a cruzar el infierno para rescatar a su hija. Según explica DiCaprio, trabajar con Paul Thomas Anderson no se parece a nada de lo que haya hecho antes. No hay pruebas de cámara ni discursos de 40 minutos. Lo suyo son cenas, improvisaciones y hasta clases de kárate para entender cómo respira el personaje. “Paul no hace audiciones”, me contó Leo. “Te invita a cenar, te pone a improvisar, y de pronto descubres que tu hija en la ficción tiene un móvil escondido y que tu personaje se emborrachó la noche anterior. Esos detalles no estaban en el guion. Surgieron de una conversación, de ensayar como si estuviéramos armando un Frankenstein familiar”. El resultado es una relación padre-hija “a quien interpreta la debutante Chase Infiniti” de lo más real.

Uno jamás pensaría que Anderson, maestro de los dramas existenciales, se perdería en persecuciones en el desierto. Pero lo hace en este filme de rabiosa actualidad, donde la política también tiene su espacio. El director montó secuencias de autos que parecen sacadas de Mad Max, mientras mantenía la cámara a un palmo de la cara de Leo para capturar cada arruga de angustia. “Rodar escenas de acción es más aburrido de lo que parece”, confesó thomas Anderson. “Es como armar un LEGO gigante. Pero luego, en la sala de edición, se vuelve pura adrenalina”.

Aunque el tono de la película sea intenso, los actores no dejaron de reír entre tomas. Benicio del Toro, que interpreta al Sensei Sergio St. Carlos (y que en pantalla parece un monje zen con licencia para matar), reveló que Leo es “mucho más gracioso fuera de cámara de lo que la gente cree”. Esa chispa cómica fue clave para sobrevivir a los largos días de rodaje en desiertos donde, según bromeó Sean Penn, “el verdadero desafío era conseguir room service después de las nueve de la noche”. La combinación fue extraña pero efectiva: un grupo de estrellas veteranas (Penn, Regina Hall, Teyana Taylor, Del Toro) y una debutante de 25 años ( Chase Infiniti) que se enfrentó a ese elenco con la frescura de la inocencia. Leo, lejos de ser el divo inaccesible, se convirtió en el compañero de escena que la alentaba y la hacía sentir en casa. DiCaprio, a pesar de los Óscares, de haber trabajado con Scorsese, Tarantino o Spielberg, todavía busca desafíos que lo incomoden. Le gusta reírse de sí mismo, interpretar a un papá fracasado, discutir con una adolescente y olvidarse del glamour. A estas alturas, Leo entiende su responsabilidad como estrella. Insistió varias veces en que One Battle After Another es un filme que hay que ver en cine, en pantalla grande, “con un montón de seres humanos juntos en la sala, porque la experiencia de ver una película es tan común y entretenida como ir a un concierto o a un partido”.

No quiso revelar cuál será su próximo proyecto, pero trabajar con Thomas Anderson parece haber despertado un apetito distinto en DiCaprio: menos películas “seguras” y más experimentos donde el guion no esté escrito en piedra. Tal vez el futuro de DiCaprio no sean las superproducciones de barcos hundidos, sino más colaboraciones íntimas, salvajes, y sobre todo, humanas. Su próxima parada será, de nuevo, con Martin Scorsese, acompañado por Jennifer Lawrence. Juntos protagonizarán la adaptación de la novela What Happens at Night, sobre un matrimonio que viaja a Europa para adoptar un bebé y termina hospedado en un hotel casi espectral, “Cualquier película en la que participe siempre tendrá tensión o una sensación de urgencia hacia los temas que me interesan. Este fue un gran regalo para mí, un desafío fabuloso con el que he tenido la oportunidad de hablar de temas que necesitan atención.”

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