La arquitectura de un edificio restaurado convive con el arte contemporáneo y la creatividad con la hospitalidad de lujo. Cada habitación es una historia, una inspiración y un rincón de descanso. En la calle 57 del centro histórico, atravesar su puerta es entrar en otro mundo, donde la arquitectura porfiriana ofrece piezas de arte contemporáneo, piezas de museo de grandes artistas como Dr. Lakra o Sofía Táboas. Se ha convertido en uno de los lugares más exclusivos de Mérida, con siete suites, chef particular y servicio impecable.

También hay servicios como catas de vino, sesiones de cine o salón de juegos. Se puede reservar la casa entera para una familia y hacer de la estancia una experiencia más íntima y familiar, con capacidad para unos 14 viajeros. Esta casa es una muestra del esplendor que vivió la ciudad de Mérida. Es una casa porfiriana del siglo XIX con una mirada del siglo XXI. La ubicación es perfecta, cerca de la Catedral de San Ildefonso, la primera del continente americano; el Palacio Cantón y el emblemático Paseo Montejo. Une el pasado de la capital con una ciudad vibrante, llena de energía, con una propuesta cultural y gastronómica difícil de superar. En sus orígenes perteneció a una de las familias emprendedoras e influyentes de Mérida; se han respetado sus cimientos, sus arcos y su arquitectura. Sorprende la unión con diseños contemporáneos de lámparas, cuadros y esculturas, con un eclecticismo asombroso. El nombre Xodó viene del portugués, una palabra que significa afecto profundo, apego especial”, que es lo que sintieron sus propietarios a la hora de hacer renacer este escenario como un lugar de lujo para el descanso.

Su arquitectura colonial con acentos contemporáneos hace de Mansión Xodó un remanso de quietud y relajación en el corazón de Mérida.
Los grandes ventanales al patio y los arcos de piedra en la alberca son espacios únicos, junto con los altos techos y la luz natural que entra por patios y ventanas. Las escaleras contemporáneas conducen a un espacio de relajación con gimnasio y sala de cine. Y si recorremos la casa atentos a las obras de arte, nos encontramos con una auténtica colección propia de un museo. Obras de Gonzalo Lebrija, Elena Damiani, Pedro Reyes, Dr. Lakra, Milena Muzquiz o Carlos Amorales, entre otros.
La alberca evoca un claustro sevillano, un oasis de tranquilidad en el centro de la ciudad, donde reina la calma y el silencio. El patio interior tiene una fuente de estilo renacentista que nos lleva a los patios árabes, donde el agua invita al sosiego. En los sótanos, un lugar secreto: su cava subterránea con bóveda de cañón, donde se crea un escenario espectacular para catar vino, champán o destilados. También, a modo de speakeasy, una biblioteca donde disfrutar la lectura en una atmósfera de concentración. La magia de atravesar su puerta, el día en que se deja la casa, se transforma en el deseo de volver a este paraíso escondido.
