Métiers d’art, de LVMHA, los guardianes del lujo

TEXTO GIOIA CAROZZI / FOTOGRAFÍA PIERCARLO QUECCHIA

“YOU CAN STAY under my umbrella”, entona Rihanna completamente bañada en oro en un videoclip que ya es parte del imaginario colectivo. Un paraguas que, en su caso, se abre para resguardar el amor de la lluvia y se convierte en metáfora de protección, refugio y cuidado. Pero ¿puede esa imagen extenderse también al competitivo universo del lujo? Sí, si partimos de la premisa de que no hay lujo sin materiales de excelencia, y que estos materiales no pueden cobrar vida sin los artesanos que los trabajan. Artesanos que, sin embargo, enfrentan cada vez más la falta de apoyo logístico y organizativo, de acceso al crédito y de familiaridad con las nuevas tecnologías.

Ahí están, por ejemplo, la célebre curtiduría toscana Heng Long, especializada en pieles exóticas y complementaria a su histórica sede en Singapur; Hosoo, en Kioto, fundada en 1688 y reconocida mundialmente como la cúspide del arte de la seda; o el grupo Jade, en Francia y Portugal, referente absoluto en la producción de componentes metálicos para las grandes casas de lujo. Artistas bajo la tormenta de la contemporaneidad, quizá destinados a desaparecer, si no fuera por un paraguas capaz de protegerlos y potenciarlos: LVMH Métiers d’Art.

Un proyecto creado en 2015 por el gigante francés LVMH, con el objetivo de preservar y hacer crecer una comunidad que hoy reúne a 18 empresas entre curtidurías, granjas, tejedurías, fabricantes, fabricantes de componentes metálicos y centros de investigación y desarrollo. Todas ellas casas de excelencia con un extraordinario patrimonio de tradiciones, que conforman una cadena de valor estratégica, dentro y fuera del perímetro del grupo, y que actualmente generan una facturación cercana a los 700 millones de euros (unos 14.9 billones de pesos), bajo la dirección totalmente italiana de Matteo de Rosa, CEO de LVMH Métiers d’Art desde 2021.

Gentleman. Casi la mitad de su facturación proviene de casas de moda que no pertenecen al grupo LVMH. ¿No implica eso, de algún modo, poner al enemigo en casa al ofrecer las excelencias bajo su paraguas incluso a competidores directos?

Matteo de Rosa. LVMH Métiers d’Art es como Suiza; Nuestra filosofía empresarial va más allá de la competencia: se basa en un intercambio de cuestiones superiores. Abrir las puertas a otras marcas ha sido, de hecho, uno de nuestros grandes puntos fuertes.

¿Cuáles son los otros?

Nuestro método. No llegamos a estas empresas para preservarlas tal cual o convertirlas en piezas de museo, olvidadas en una vitrina, como a veces ocurre con otros modelos empresariales. Las llevamos hacia el futuro para garantizar su calidad, también mediante nuevas tecnologías, siempre buscando el estándar más alto con el menor impacto ambiental, humano y animal. Solo así un sistema productivo puede proyectarse con solidez hacia el mañana.

¿Quién es un artesano hoy?

Es un emprendedor de excelencia dedicado a un proceso productivo a escala, con determinación y apertura al cambio. El artesano ya no responde a esa imagen romántica del creador que cose en silencio en un rincón oscuro de su taller. Esa visión quedó atrás.

¿Qué dificultades ha encontrado?

En Italia, y en general en Europa, la edad promedio de los artesanos es muy alta: alrededor de 56 años. Por eso, otra de nuestras misiones es atraer a nuevas generaciones.

¿Esa es también la razón por la que abrieron La Main, la sede de LVMH Métiers d’Art, en un edificio monumental en París, justo en el histórico distrito de Arts et Métiers?

Este espacio permite que artesanos de todo el mundo convivan con creativos. A partir de esa interacción, el potencial para generar ideas revolucionarias se vuelve ilimitado. Es un escenario que honra los productos de Métiers d’Art.

LVMH Métiers d’Art también tiene una posición privilegiada como observador. Hoy, ¿cómo se puede justificar el incremento en los precios del lujo, que muchos consumidores consideran excesivo?

La única manera de justificar los precios es ofrecer calidad real. Desde esa perspectiva, somos estratégicos en el storytelling porque podemos iluminar esa parte del producto de la que casi nadie habla: cómo se hace, de dónde proviene, hacia dónde se dirige…

¿Y la solución a ese enigma?

La transparencia. Hay que explicar con claridad por qué un bolso de cocodrilo tiene un costo tan elevado, y que no se trata de marketing. También debemos educar a los consumidores —y a los propios diseñadores y creativos— para que entiendan cómo funcionan realmente las cadenas de suministro. Ya no podemos sostener un sistema autorreferencial. Ese modelo caducó y el consumidor ha cambiado. Basta ver a los jóvenes cuando visitamos universidades: para ellos, todo empieza por una sola premisa: la sostenibilidad.

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