Oaxaca, autopista hacia el cielo

La apertura de la autopista de Oaxaca ciudad a Puerto Escondido ha generado una nueva ruta gastronómica apasionante, donde se unen las cocinas tradicionales oaxaqueñas con propuestas de vanguardia como la de Casona Sforza. Destinos como Zoa Hotel en Mazunte, Las Quince Letras en Oaxaca o el proyecto del chef Eduardo García de Máximo en Kymaia ofrecen un recorrido de sabores único.

El hotel Casona Sforza —reconocido hotel boutique en Puerto Escondido— presenta una rotunda apuesta gourmet en su restaurante La Bóveda. Frente al mar, una construcción mágica del arquitecto Alberto Kalach da forma a un proyecto sostenible basado en arcos, bóvedas y ladrillo. Detrás del concepto y su desarrollo se encuentra Ezequiel Ayarza.

En cocina, los chefs Andrés Trujillo y Vanessa Franco lideran esta nueva etapa de La Bóveda, que enaltece el compromiso con la sustentabilidad, la calidad del producto y el empleo de técnicas que unen tradición y vanguardia, siempre respetando la estacionalidad de la huerta y el mar. Sorprende la sutileza en platillos como la pesca del día recién llegada a la mesa, la excelente pasta fresca y la recuperación del recetario oaxaqueño. Mariscos y ostiones forman parte de la especialidad, junto a una atención especial a la panadería y repostería. Una parada obligatoria para gourmets en el Pacífico, en un marco arquitectónico único.

Por la mañana se sirven pasteles recién hechos y, por la tarde, postres y helados caseros. Buen chocolate de Tabasco y un tributo a los productos naturales completan la propuesta. En este aspecto destaca su alianza con su proyecto hermano, Pueblo del Sol, ubicado en la Sierra de Oaxaca: un concepto sostenible y transformador, con productos amparados por el respeto a la naturaleza y la responsabilidad social, como miel, vainilla y café.

“Somos un proyecto dedicado a la transformación humanitaria, a buscar una mejor forma de vida, recuperando tradiciones ancestrales, en permanente contacto y respeto a nuestra Madre Tierra, junto con las comunidades indígenas de Oaxaca y aquellos pueblos del mundo que quieran unirse a nosotros”, señalan. Desde este proyecto se elaboran productos de excepcional calidad —miel, café o incluso jabones— que abastecen a hoteles de lujo, además de ofrecer una cerámica genuina. Una alianza admirable con Casona Sforza. Volviendo a los fogones, hay que destacar que Vanessa Franco y Andrés Trujillo, nacidos en Venezuela, se conocieron en la cocina de Máximo Bistró y juntos emprendieron la aventura de crear una cocina singular que mira al producto. Eso es el restaurante La Bóveda de la Casona.

La siguiente parada en esta ruta es Kymaia, el sueño de Eduardo García de hacer un Máximo con vistas al mar. “Damos lo que nos ofrece el océano”, señala el chef, que en Puerto Escondido cambia la huerta de Xochimilco por la del mar, con un resultado maravilloso. Ubicado en Tlachicón, en la costa de Puerto Escondido, a 42 kilómetros de Punta Cometa, el hotel cuenta con jardín, bicicletas y sauna entre otros detalles. Detrás del proyecto vuelve a estar el talento de Ezequiel Ayarza, quien ha creado un espacio en comunicación con la naturaleza, donde se unen lujo y sostenibilidad.

En la cocina, el talento de Eduardo García eleva el sabor del producto a una categoría casi celestial. El hotel cuenta con tres restaurantes —Septimus, Huachinango Bar y La Cueva— para disfrutar desde el desayuno. A 30 kilómetros de Puerto Escondido y en una costa elegida por las tortugas para anidar, Kymaia es un lugar bendecido por la naturaleza. Ya en Mazunte se encuentra Zoa, un hotel pionero en la zona, prácticamente hecho a mano, con Llave Michelin por su categoría de hospedaje y servicio. Sus vistas espectaculares, su alberca y su restaurante bajo una palapa imponente lo convierten en uno de los grandes destinos de lujo de Mazunte. Zoa Hotel ofrece una privacidad insuperable, ya que solo cuenta con ocho suites.

A esto se suma una cocina cuidada, con mirada al producto, desayunos tradicionales oaxaqueños y un menú atractivo en comida y cena, donde el pescado —si el mar es generoso— es protagonista. Culto al kilómetro cero y a la huerta local. El hotel celebra 15 años de autenticidad, donde la hospitalidad y la profesionalidad se sienten nada más llegar. Zoa es refugio y calma, pero también ofrece actividades como paseos en barca y sesiones de cine. Las habitaciones son espectaculares, con el mar entrando por la ventana, suites acogedoras y de gran gusto, donde conviven cristaleras, estilo tropical y piezas artesanas. Un hotel artesanal que la mano del hombre ha transformado en lujo.

Poder saborear en unas vacaciones la mejor cocina oaxaqueña junto al mejor recetario del mar, probar cenas a cuatro manos con chefs invitados y disfrutar de la cocina de Eduardo García y otros chefs con estrella Michelin convierte esta ruta en uno de los grandes atractivos gastronómicos del país. Olas, gastronomía, buen clima, sostenibilidad, servicio, mezcales artesanos y experiencias únicas. ¿Alguien dijo paraíso?

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