En una ciudad donde la gastronomía evoluciona con rapidez, a veces lo más refrescante es volver a lo esencial. Eso es precisamente lo que propone Piquette, un pop-up gastronómico que llega a Roma, Ciudad de México con una idea clara: servir cocina francesa de brasserie —sabrosa, técnica y directa— sin complicaciones ni solemnidad. El proyecto nace con una duración prevista de tres meses, aunque con la esperanza de que el entusiasmo de la ciudad lo convierta en algo permanente.

Al frente de la cocina está el chef francés Marin de Bausset, formado en algunas de las cocinas más influyentes de Francia, como L’Arpège, Le Chateaubriand y La Chiberta. Su propuesta recupera recetas clásicas de la tradición francesa y las ejecuta con precisión técnica, apostando por una cocina que parece sencilla a primera vista, pero que revela oficio en cada detalle.

El menú se despliega como un recorrido por el repertorio más querido de la mesa francesa. Desde las huîtres gratinées con mostaza Dijon y mantequilla aromática hasta las gougères calientes con salsa mornay, pasando por platos que invitan a compartir como los os à moelle con tostada de masa madre o el clásico tartare de filet de bœuf. Para los momentos más contundentes aparecen opciones como la quenelle de bar en salsa Nantua, el cordon bleu para dos con jamón hecho en casa o el chateaubriand acompañado de papas fritas y la salsa que da nombre al lugar.

Uno de los rituales más encantadores de Piquette es su apéro, ese intervalo entre las 17:00 y las 19:00 tan arraigado en Francia. Durante esas horas la mesa se llena de copas, pequeños bocados y conversación espontánea, replicando esa costumbre relajada de dejar que la tarde se transforme lentamente en noche.

El espacio acompaña esta filosofía: iluminación cálida, música que acompaña sin imponerse y una barra viva que anima la experiencia. Aquí todo está pensado para compartir y disfrutar sin pretensiones. Con un atractivo menú de tres tiempos al mediodía entre semana, Piquette se perfila como uno de esos secretos gastronómicos que la ciudad descubre… y no quiere dejar ir.

