FOTOGRAFÍA: JESÚS CORNEJO
Un reto monumental aguarda al artista Javier Marín (1922, Uruapan, Michoacán): nada menos que llevar su arte a la fachada de la Gloria de la obra maestra de Antoni Gaudí, que pronto se culminará. Conversamos en su estudio, rodeados de obras monumentales y en constante actividad. Acaba de enviar la maqueta de su proyecto a Barcelona; cajas, embalajes y nada menos que seis meses de trabajo ocupó esta pieza. Marín parece un artista reencarnado del barroco: su obra ofrece exuberancia, riqueza formal y una intensidad emocional desbordante. En breve viajará a Barcelona para presentar su trabajo.
En este primer trimestre se confirmarán los artistas elegidos y el encargo definitivo. Cristina Iglesias y Miquel Barceló viven también con gran interés esta participación. En ZⓈONAMACO participa en el apartado de fotografía, con una serie abierta sobre el modelo y el retrato. En ella, cuestiona a su propia escultura: ¿quién es el personaje que está detrás de la obra? A partir de la pieza, la inteligencia artificial responde quién podría ser ese personaje. “La IA me dice quién es el modelo que posó y hasta crea un video con su propia historia: genera un personaje. Yo hice un molde y la IA me dice a quién pertenece.

Me impresiona mucho el potencial que tiene como herramienta. Te escucha, te enriquece y colabora. Voy explorando la tecnología: empecé con dibujos bidimensionales y ahora con la IA es más fácil. Estoy fascinado”, concluye. Añade, además: “Participo también en ZⓈONAMACO, en el área de diseño, con La Colmena, un centro cultural que fabrica artesanía. Hemos pedido a 30 creadores que realicen diseños que imprimimos en tejido Tyvek, propio para overoles de trabajo. Desde La Colmena se crean piezas textiles y cerámicas asombrosas, y se ayuda a la comunidad michoacana a expresar y difundir su arte”. Sin embargo, las noticias sobre el crimen organizado en Uruapan lo entristecen profundamente.
“Es desalentador lo que llega de Michoacán, de mi pueblo. Crees que vas avanzando y, de pronto, nada”. Ha propuesto a Zélika García, fundadora de ZⓈONAMACO, crear dentro de la feria un apartado dedicado a fundaciones y plataformas de apoyo social, para visibilizar a las instituciones que trabajan con quienes más lo necesitan. “El mundo está cambiando y los circuitos del arte se tambalean. Ahora es más experiencial: vivir el encuentro, ver lo que sucede, es más importante que el objeto mismo”, reflexiona.
Recientemente realizó el retablo mayor de la Catedral de Zacatecas, una obra asombrosa en oro y madera. “En un espacio con mucha gente, el tamaño te hace visible”. La comunidad es parte fundamental de la identidad de Javier Marín. “Te obliga a sentirte parte de algo más grande. Yo he llegado hasta aquí gracias a la gente que me rodea, a mi entorno”, dice agradecido. “Hay una necesidad de retribuir, de agradecer. Es increíble poder, desde el arte, ofrecer herramientas y ser parte activa de una sociedad que trabaja en equipo para mejorar las cosas. Me encanta regresar a mi pueblo, Uruapan, donde nací, y ver que el apoyo sirve. Es difícil que una sola persona cambie el mundo, pero todos debemos hacer nuestra parte desde nuestra dimensión”. Su compromiso con la comunidad michoacana es contundente:
“Es muy importante poder poner el hombro y ayudar a la gente a trabajar su parte sensible, su parte espiritual”. Todo ello lo ha reflexionado profundamente en torno al proyecto de la Sagrada Familia. “Por la espiritualidad, por la iglesia. Siempre me he distanciado de la institución, pero el lado espiritual es importante”. Reconoce influencias culturales tanto prehispánicas como europeas. “Compartimos una cultura con España, eso no se puede olvidar”, afirma. Se muestra orgulloso de que se convoque a un artista latinoamericano para participar.
