Alejandra Venegas, sin miedo al color

Alejandra Venegas (México, 1986) nos cuenta que durante estos años ha trabajado principalmente con tallas de madera y color. “En tablones de madera pongo cosas muy vinculadas con la naturaleza del espacio donde vivo, que todavía conserva zonas protegidas, en Xochimilco, paisajes en constante cambio”. Nació en Xochimilco, ahí vive, trabaja y se inspira: cerca del cerro observa el cielo y ha recorrido desde siempre sus campos y montañas. “También he visto cómo se ha transformado el territorio y cómo se ha deteriorado por la intervención humana”, se lamenta.

Confiesa: “El color me interesa mucho, unido a las raíces de la artesanía de México. Observo mucho el arte popular; mi obra es un juego con todos estos elementos, un diálogo entre color, naturaleza y artesanía, que se ha construido a lo largo de varios años”. Recientemente presentó la nueva caja de Tequila Reserva de la Familia, una pieza llena de color. Se suma así a artistas como Abraham Cruzvillegas, Jorge Lebrija, Dr. Lakra o Betsabeé Romero. Alejandra detalla sus sensaciones al llegar a Jalisco: “Aunque mi trabajo se desarrolla lejos, sentí mucha conexión al estar en tierras de tequila y frente a ese paisaje. Hubo muchos elementos con los que comencé a trabajar y que ayudaron a formar parte de la obra: la atmósfera, la vegetación, el horizonte.


La nueva caja intervenida por la artista para el Tequila Reserva de la Familia Extra Añejo.

Cuando caminé por los campos de agave conecté con las espinas, el cielo, el volcán de Tequila todos esos detalles me ayudaron a crear la caja. Algo que me gusta es generar relaciones entre cosas que aparentemente no la tienen, como ver cómo las espinas del agave pueden convertirse en contornos de nubes. La naturaleza funciona como un todo: todo está entrelazado”. Vivió una profunda conexión entre el territorio y su obra. “Me identifiqué mucho con los procesos del tequila; me inspiraron. La parte artesanal, que también está presente en mi trabajo, tiene que Ver con apreciar que cada cosa tiene su tiempo y sus ciclos. Las herramientas de los jimadores me sorprendieron: las hojas de la coa, utilizadas para la jima, tienen formas curiosas y son las que moldean esas esculturas que son las piñas”.

Uno de los hilos conductores de su obra es la luna, “que habla del crecimiento del agave y está muy presente en estas cajas, junto con las espinas y las herramientas. El fuego y el color también participan del proceso, y todo ese cosmos me ha inspirado, porque es el universo”, sentencia. Confiesa que es tequilera, aunque con moderación. La presentación de las cajas en la sede de Cuervo fue una auténtica celebración, con la presencia de figuras clave del mundo del arte, como Zélika García, fundadora de Zona MACO, o el curador Patrick Charpenel, director del Museo del Barrio de Nueva York.

La develación de la caja se acompañó de una exposición que incluyó pintura, escultura, dibujo y relieves en madera, donde pudo mostrar una amplia representación de su trabajo. “He trabajado en formatos muy variados, desde gran formato hasta piezas más pequeñas. El diseño de tantas cajas fue un ejercicio muy interesante; trabajé con una gran diversidad”, explica. Lamenta no haber podido tallar directamente la madera de las cajas, pero se siente privilegiada de trabajar con un elemento tridimensional y de madera. Venegas había soñado desde hace tiempo con realizar casas talladas y se muestra feliz tanto con este reto como con la exposición. “En comparación con otros artistas, quería hacer algo muy colorido, muy vivo, que transmitiera un espíritu festivo. No tengo miedo al color. Con esta obra quise recuperar el colorido de las primeras cajas; el mundo se ha vuelto un poco oscuro y quise regresar al disfrute del color, porque esta es una celebración de los 30 años de la caja de arte de Reserva de la Familia”. Y concluye: “Festejar la naturaleza y la tierra como un gesto de gratitud”. Venegas valora profundamente la dimensión artesanal del arte. “Es muy importante recuperar la parte manual. A veces el artista no realiza su propia obra, pero para mí ese proceso es fundamental, porque ahí surgen ideas y conexiones, cuando trabajas con tus propias manos”.


Alejandra Venegas, transita entre el uso de relieves y policromados para plasmar a la naturaleza en sus obras.

Añade: “Desde niña me dijeron que el oficio es importante. Mi padre es escultor y la familia de mi madre era ceramista; es un legado que he heredado”. Entre los escultores que admira destaca al monje budista japonés Enkū, del siglo XVII. “Me ha inspirado mucho: era capaz de crear maravillosas formas budistas a partir de un simple trozo de madera que encontraba. También admiro el trabajo de las máscaras populares de Michoacán, la forma en que están pintadas, y las figuras talladas africanas”. También ha colaborado con la industria de la moda: creó un bolso de madera en colaboración con la marca Aurelia. “Fue una experiencia muy enriquecedora, porque ellos trabajaban con objetos artesanales y en ese proyecto sí tallé directamente la madera. Después quedé muy inspirada, me cambió la forma de pensar. Cuando llegó este proyecto de tequila me emocioné, porque podía acercarme desde muchos frentes, como si todo lo anterior me hubiera estado preparando para esta tarea”, confiesa.

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