Natural de Tijuana, vuelve a sus raíces norteñas con un nuevo disco, una gira por la República Mexicana y un libro: una reflexión íntima sobre su pasión por la música. Julieta Venegas regresa a los escenarios con toda el alma, mientras reflexiona sobre su vocación de hacer canciones a través de su libro Norteña. Memorias del comienzo, su primera publicación.
“Les escribo estas líneas con mucha emoción. Quiero contarles que voy a publicar un libro. Lo escribo y casi no lo puedo creer. Se trata de una memoria de mis primeros años, de mi familia, de mi tierra”, dice la cantante.
“Quería buscar el origen de mi inquietud por hacer música, por escribir canciones. Es un texto que vengo queriendo —y a la vez no— escribir, que fue avanzando a su ritmo. Lo fui construyendo a medida que avanzaba el proceso creativo del disco, que lleva el mismo nombre. El disco es una recreación de mi memoria musical; el libro, una especie de bitácora que recorre desde mis primeros recuerdos, mi familia y mi vida en Tijuana y en Ciudad de México, hasta el lanzamiento de mi primer disco. Aunque no son lo mismo, juntos forman parte de un proyecto de memoria, una manera de reencontrarme con lo que me formó”.

Julieta empezó a tocar música a los nueve años. Pronto descubrió su gusto por escribir canciones; la primera la compuso para un concurso escolar. Era tímida sobre el escenario, pero disciplinada. A los 15 o 16 años ya tocaba en una banda y dio el paso para cantar frente al público. Hoy domina la escena y lo entrega todo en una gira monumental que se extiende hasta octubre. Arranca en Tijuana y Mexicali y continúa por Toluca, León, Guadalajara, Phoenix y Las Vegas.
A su lado, un equipo de producción afina cada detalle. Entre ellos está su hermana gemela, Yvonne Vargas, autora de la portada del disco. Para crearla, viajó a Baja California, cerca de San Felipe, a las playas donde veraneaban de niñas. La familia sigue siendo un núcleo fundamental: cuando Julieta se presenta en Tijuana, todos se reúnen y la celebración continúa tras el concierto. De ahí quizá proviene su deseo de replicar en el escenario esa energía festiva de músicos que hacen bailar a todos, desde Los Tigres del Norte hasta Juan Gabriel o José Alfredo Jiménez.
A lo largo de su carrera ha colaborado con artistas como Bad Bunny, Belafonte Sensacional o Bronco, quienes incluso la impulsaron a concluir temas como “Volver a ti”. En febrero estrenó el dueto “Tengo que contarte” junto a Natalia Lafourcade.
“Estoy feliz de haber colaborado con mi adorada Natalia. Hace mucho que nos conocemos. Es alguien a quien admiro y siento como una voz ideal para cantar juntas esta canción de amistad, de encuentro y de cariño. Quería transmitir un espíritu de cantina, de estar en un lugar hablando sobre las verdades de la vida”, explica. La canción subraya la importancia de la amistad, del consuelo y de los abrazos compartidos.
Su trayectoria es resultado de una decisión firme y de un trabajo constante. El piano ha sido siempre su herramienta, su compañero y su principal instrumento de composición. Interesada por el destino y por músicas como la de Charly García, viajó a Argentina, pero ese recorrido la llevó a reafirmar su identidad: el norte la llama. Volvió a Tijuana para reconectar con su origen.
“Mi adorada Baja California fue clave en este proceso creativo”, comparte. “Empecé a leer mucho sobre ese lugar mientras escribía el disco. Quería imaginarlo, recordarlo: clima, plantas, sabores”. Su obra también aborda la frontera —ese espacio que separa y une— y la nostalgia de quienes viven divididos por circunstancias difíciles. En una de sus canciones colabora con Yahritza y Su Esencia, dando voz a historias de migración, lucha y esperanza.
