El vino se ha convertido en mucho más que una bebida dentro del universo de las celebridades. Para algunos representa una herencia familiar; para otros, una extensión natural de su estilo de vida y de su manera de entender el bienestar, la hospitalidad o incluso el diseño. Lejos de limitarse a poner su nombre en una etiqueta, figuras del cine, la música y el deporte han comenzado a involucrarse de manera cada vez más cercana en la creación de bodegas y proyectos vitivinícolas con identidad propia.

Uno de los casos más sólidos es el de Andrés Iniesta, cuya historia con el vino comenzó mucho antes de su fama internacional. En los años noventa, su padre José Antonio Iniesta apostó por plantar viñedos en Fuentealbilla, España, con la intención de crear vinos propios algún día. Ese sueño terminó materializándose en 2010 con la apertura de Bodega Andrés Iniesta, que hoy cuenta con cerca de 300 hectáreas y más de 200 reconocimientos internacionales gracias a sus vinos tintos, blancos, rosados y espumosos bajo la Denominación de Origen Manchuela.

En Diane Keaton, el acercamiento fue distinto. Su línea The Keaton nació en California como una propuesta relajada y accesible, enfocada en vinos orgánicos y en una forma menos rígida de disfrutar la bebida, incluso recomendando servirla con hielo. Algo similar sucede con Cameron Diaz y Katherine Power, creadoras de Avaline, una línea vegana desarrollada junto a bodegas orgánicas que apuesta por la transparencia en ingredientes y procesos de producción.

Por otro lado, Brad Pitt ha logrado posicionar Château Miraval como uno de los nombres más reconocidos dentro del rosado premium. La finca ubicada en la Provenza francesa, adquirida originalmente junto a Angelina Jolie, produce el célebre Miraval Rosé en colaboración con la familia Perrin y ha conseguido consolidarse dentro del circuito internacional del vino de alta gama. Mientras tanto, Drew Barrymore desarrolló Barrymore Wines junto a bodegas de California e Italia, apostando por etiquetas frescas y fáciles de beber como Pinot Grigio, Rosé y Pinot Noir.

Más allá del marketing, estos proyectos revelan cómo el vino también funciona como una forma de narrativa personal. Algunos buscan preservar tradiciones familiares; otros encuentran en las bodegas un espacio para hablar de sostenibilidad, transparencia o comunidad. Lo cierto es que, entre viñedos, copas y etiquetas, las celebridades también han encontrado otra manera de construir legado.

