Robert Redford, un año sin el último gran galán

Hay actores que interpretan personajes y otros que terminan convirtiéndose en una época. Robert Redford perteneció claramente a la segunda categoría. El 16 de septiembre de 2025, el mundo del cine despidió a los 89 años a uno de sus grandes nombres, pero basta poner una película suya para comprobar que algunas estrellas tienen una extraña habilidad para no marcharse del todo. Un año después, su sonrisa, su cabello dorado y esa mezcla de elegancia relajada y rebeldía siguen intactos en la memoria cinematográfica, desde Butch Cassidy and the Sundance Kid hasta The Sting y All the President’s Men.

Redford convirtió además el atractivo de estrella de Hollywood en una herramienta para hacer algo bastante más ambicioso. En 1981 debutó como director con Ordinary People, una película que le valió el Oscar a Mejor Director en la ceremonia de 1981. Pero quizá su apuesta más trascendente ocurrió lejos de las grandes alfombras rojas. Ese mismo año fundó Sundance Institute, una plataforma pensada para apoyar a cineastas independientes y que con el tiempo daría origen al Festival de Cine de Sundance, transformándose en uno de los grandes escaparates internacionales para nuevas voces del cine.

Y luego estaba Utah. Mucho antes de que Sundance se convirtiera en sinónimo de cine independiente, Redford encontró en las montañas de ese estado un lugar donde Hollywood podía quedarse fuera de la puerta. En 1969 creó Sundance Mountain Resort, inspirado por su fascinación por el paisaje y por una idea que mantuvo durante décadas, desarrollar poco y preservar mucho. Actualmente, más del 70% de las tierras del resort permanecen protegidas mediante acuerdos de conservación, una muestra de que su relación con la naturaleza fue mucho más que una afición de estrella cinematográfica.

Su filmografía tampoco necesita demasiada presentación, aunque siempre resulta divertido regresar a ella. Fue el compañero perfecto de Paul Newman en Butch Cassidy and the Sundance Kid, el estafador con encanto de The Sting, el periodista que seguía las pistas del Watergate en All the President’s Men y el hombre que convirtió la nostalgia en romance en Out of Africa. Décadas después todavía encontró espacio para aparecer en películas como Captain America: The Winter Soldier y Avengers: Endgame, demostrando que incluso cuando Hollywood ya había cambiado de generación, Redford seguía teniendo algo que decir y, sobre todo, una presencia imposible de confundir.

A un año de su muerte, quizá esa sea la mejor manera de recordar a Robert Redford, no como una figura congelada en fotografías de otra época, sino como alguien que entendió que una carrera puede tener muchas vidas. Actor, director, productor, fundador, defensor de la naturaleza y padrino de una generación de cineastas independientes, dejó una huella que va mucho más allá de sus películas. Sundance Institute lo define como un hombre marcado por el amor a la naturaleza, el arte, el activismo y las historias, y esa combinación explica por qué, incluso un año después, su legado sigue proyectándose con una luz muy difícil de apagar.

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