Viajar ya no siempre significa tachar de la lista los destinos que aparecen una y otra vez en Instagram. Para Millennials y Gen Z, la escapada empieza a tomar otro rumbo, uno donde importa tanto lo que se descubre como la manera de relacionarse con el lugar. La tendencia es global y la OCDE estima que, para 2030, ambas generaciones representarán más de la mitad de los viajeros del mundo, con un interés creciente por las experiencias frente al consumo tradicional. En México, esa nueva curiosidad está poniendo bajo los reflectores a destinos que hasta hace poco podían pasar desapercibidos.
De acuerdo con el reporte de destinos emergentes de Airbnb, elaborado a partir del crecimiento del interés de los viajeros entre 2024 y 2025, ocho destinos mexicanos comienzan a ganar protagonismo entre los viajeros nacionales más jóvenes, Atlixco, Chetumal, Tuxpan, Coatzacoalcos, Real de Catorce, San Juan del Río, San Luis Río Colorado y Tepotzotlán. Son lugares que tienen algo en común, permiten cambiar el mood sin necesariamente cruzar medio planeta. Una carretera, un vuelo corto y un fin de semana pueden ser suficientes para pasar del escritorio a un paisaje desértico, una ciudad colonial, el Caribe cultural o una aventura bajo el agua.
En Chetumal, por ejemplo, la selva conduce hacia Ichkabal, una antigua ciudad maya cuyos conjuntos monumentales superan en algunos casos los 40 metros y que apenas comienza a incorporarse a los circuitos de visitantes. En Real de Catorce, el plan puede tomar la forma de una tradicional Willys para recorrer antiguos caminos mineros, paisajes del semidesierto y elevaciones cercanas a los 3,000 metros. Y frente a Tuxpan, la Isla de Lobos guarda bajo el agua los restos del Melchor Ocampo, un barco que encalló en 1920 y cuyo casco se transformó con el tiempo en refugio para corales y especies marinas. El turismo de aventura, en estos casos, también funciona como una clase de historia con mejores vistas.
Tepotzotlán propone otra perspectiva, literalmente. Un vuelo en globo sobre los Arcos del Sitio permite contemplar desde el aire el Acueducto de Xalpa, una monumental obra hidráulica del siglo XVIII que atraviesa una cañada a lo largo de 430 metros. Y el resto del mapa también tiene argumentos propios, desde los paisajes florales y las vistas al Popocatépetl de Atlixco hasta la mezcla de desierto, río y cultura fronteriza de San Luis Río Colorado. Airbnb señala que esta búsqueda de destinos menos tradicionales está abriendo oportunidades para que el turismo llegue a comunidades y economías locales que permanecían fuera de los grandes circuitos.
Quizá ahí está la verdadera gracia de esta nueva manera de viajar. No se trata de coleccionar destinos como estampitas, sino de encontrar lugares que todavía conservan cierta capacidad de sorpresa. México tiene suficientes kilómetros, historias, sabores y paisajes para que el próximo gran viaje no necesariamente necesite un aeropuerto internacional. A veces basta con mirar el mapa con un poco más de curiosidad, elegir una carretera que no conocías y preguntarse algo muy sencillo, ¿y si vamos?
