Todo comenzó con una corbata. En 1967, Ralph Lauren lanzó su primera colección bajo el nombre Polo, con diseños anchos, confeccionados a mano y alejados de las tendencias dominantes de la época. Un año después presentó su primera colección completa para hombre, impulsado por una idea que definiría su trayectoria, vestir también consiste en contar historias. Desde entonces, su universo ha mezclado el glamour del Hollywood clásico, la elegancia deportiva y el espíritu de la vida estadounidense para crear un lenguaje propio que no depende de las temporadas. Lo que nació en un cajón del Empire State Building terminaría convirtiéndose en una referencia global del lifestyle.

El caballo bordado apareció en 1971, primero en una línea de camisas para mujer, y en 1972 llegó el polo que transformaría una prenda deportiva en un icono cotidiano. La marca amplió pronto sus horizontes, con colecciones femeninas, propuestas inspiradas en el Oeste americano y diseños que encontraron su lugar en el cine. En 1974, la ropa masculina de El gran Gatsby llevó las creaciones de Polo a la pantalla, incluido el traje rosa diseñado para Robert Redford en su papel de Jay Gatsby. Tres años después, el estilo de Diane Keaton en Annie Hall, con prendas de Ralph Lauren, reforzó la idea de que la moda podía expresar independencia y personalidad sin perder sofisticación.

La ambición de Lauren nunca se limitó al armario. En 1983 presentó Ralph Lauren Home, una colección de más de 2,000 referencias que trasladó su visión estética a todos los rincones de la casa. Después llegaron las tiendas insignia concebidas como experiencias inmersivas, los restaurantes y espacios de hospitalidad, además de líneas como Polo Sport, Double RL y Purple Label, esta última inspirada en la sastrería europea. En 1999 abrió RL Restaurant en Chicago y, en 2015, The Polo Bar en Nueva York, consolidando una idea de marca en la que vestir bien, decorar una casa y sentarse a la mesa forman parte de un mismo estilo de vida. Para Lauren, el universo creativo no termina en la ropa, también se construye alrededor de cómo vivimos.

El deporte ha sido otro de sus grandes escenarios. Desde 2006, Ralph Lauren viste a los oficiales de Wimbledon, y posteriormente sumó colaboraciones con el US Open, el Open de Australia y los equipos olímpicos y paralímpicos de Estados Unidos. A esa presencia se añaden proyectos que conectan tradición e innovación, desde prendas con tecnología térmica hasta colaboraciones artísticas y experiencias digitales en Fortnite. La firma también ha desarrollado iniciativas filantrópicas vinculadas con la prevención y la atención del cáncer, entre ellas Pink Pony, lanzada en el año 2000. Esta combinación de moda, cultura, deporte y compromiso social explica cómo una marca puede conservar sus códigos clásicos mientras encuentra nuevas formas de conectar con distintas generaciones.

En 2025, Ralph Lauren recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, uno de los mayores reconocimientos civiles de Estados Unidos, en una distinción que subrayó su influencia como diseñador, empresario y filántropo. Su trayectoria, marcada por campañas memorables, desfiles en escenarios tan diversos como Central Park y los Hamptons, y una constante expansión hacia nuevos territorios creativos, demuestra que el verdadero sello de una firma no se construye siguiendo cada tendencia, sino desarrollando una identidad capaz de evolucionar sin perder su esencia. Casi seis décadas después de aquella primera corbata, Ralph Lauren sigue defendiendo una forma de vestir y vivir en la que la elegancia no necesita llamar la atención para dejar huella.

En 2026, esa capacidad de evolucionar se refleja en una propuesta que vuelve a mirar hacia las raíces deportivas y el imaginario estadounidense. Las colecciones de primavera-verano recuperan la inspiración del tenis, la navegación, el polo y las carreras, mientras que la visión para otoño apuesta por texturas ricas, siluetas con carácter y una elegancia que combina tradición y espíritu aventurero. La marca también amplía su universo cultural con PoloFest, una experiencia dedicada a celebrar la comunidad y la historia de Polo. Más que mirar al pasado con nostalgia, Ralph Lauren lo convierte en materia creativa para el presente y confirma que su mayor legado no es una prenda concreta, sino una manera de entender el estilo como una forma de vida.

