SAMANTHA PRIMATI
La elegancia masculina fue durante mucho tiempo una cuestión de reglas. Había ocasiones precisas y códigos compartidos. Una boda requería un traje, una junta un saco, una cena importante una corbata. Ser elegante, en el fondo, era relativamente sencillo. El problema llegó después. Cuando las oficinas dejaron de imponer códigos de vestimenta, el business casual se volvió la norma y la frontera entre el trabajo y el tiempo libre empezó a diluirse. Hoy el verdadero reto es entender cómo seguir siendo impecable cuando ya no hay cánones.

«La elegancia se expresa sobre todo cuando existen reglas», observa Aldo Invitti di Conca, fundador de Prata & Mastrale, boutique club sastrero milanés. «Es en los momentos en que estas faltan cuando se nota cierto empobrecimiento del estilo». De ahí nace el proyecto dedicado a la overshirt a la medida. No como alternativa a la sastrería tradicional, sino como su extensión natural. La overshirt es, en efecto, una prenda capaz de trasladar calidad, proporciones y manufactura al territorio más complejo del guardarropa contemporáneo: el de la informalidad.







Su historia dice mucho de su carácter. como suele ocurrir con los grandes clásicos de la indumentaria masculina, nace lejos de la moda. Sus raíces se hunden en las robustas chaquetas de algodón azul de los ferroviarios franceses del siglo XIX, teñidas con índigo, que entonces era barato y fácil de conseguir. Prendas pensadas para trabajar, proteger y durar. Más tarde fueron adoptadas por los militares europeos, que reinterpretaron su funcionalidad introduciendo las variantes caqui y beige. Después llegaron los artistas: pintores como Jackson Pollock y Pablo Picasso, escultores, arquitectos como Le Corbusier. Figuras que apreciaron su practicidad hasta convertirla en una especie de uniforme creativo.
La magia ocurre cuando los hombres siguen usándola porque reconocen en ella un equilibrio entre practicidad y elegancia. Ahí es donde la función se transforma en lenguaje. La trayectoria es siempre la misma: una prenda concebida para ser útil se vuelve, con el tiempo, elegante. No sorprende, por lo tanto, que en los últimos años la overshirt haya salido de los confines del workwear y de la sastrería para entrar en las colecciones de casi todas las grandes marcas de moda masculina. Gusta porque responde a una necesidad muy contemporánea: ofrecer la autoridad de un saco sin su formalidad, conservando la practicidad y la libertad de una prenda casual. «Lo clásico es una lengua viva basada en la armonía y la funcionalidad», explica Invitti. «Y es precisamente la funcionalidad lo que hace que esta prenda sea tan creíble todavía hoy». Probablemente ese sea el secreto de la sobrecamisa : se vuelve sofisticada de manera natural. «El objetivo es llevar la elegancia sastrera también al tiempo libre. Demostrar que la manufactura, el estilo del modelo y la calidad de las telas pueden vivir también fuera del saco estructurado».











El resultado gira en torno a tres interpretaciones. La primera es quizá la más inmediata: una overshirt azul marino en lana jacquard o seersucker. Una alternativa natural al blazer, capaz de conservar autoridad y ligereza en un mismo gesto. La segunda mira hacia el campo británico y la estética del countrywear. Confeccionada en Donegal, el célebre tweed irlandés salpicado de pequeñas variaciones cromáticas, expresa un aire deportivo culto y relajado. La tercera recorre un camino más urbano: denim japonés, verde militar, sugerencias de field jacket. Una prenda que une la memoria del workwear con la sensibilidad contemporánea.

Lo que cambia no es solo el aspecto. cambia la personalidad misma de la overshirt. Porque, como subraya Invitti, «a igualdad de modelo, la tela crea una prenda completamente distinta». Por eso, definirla como prenda de entretiempo resulta reductivo. Sobre un polo de punto o una camiseta de algodón egipcio, acompaña los días de verano. Debajo de un abrigo o sobre un cuello de tortuga de cashmere, abriga en los meses más fríos. Su versatilidad no depende de la estación, sino del layering (la superposición de capas). Sin embargo, el detalle más interesante surge de un fenómeno inesperado. «Muchos clientes que eligen una overshirt bespoke están redescubriendo el placer de la corbata. No como obligación profesional, sino como un gesto de estilo.
