José María Yazpik, el tiempo a su favor

JAVIER FERNÁNDEZ DE ANGULO / FOTOGRAFÍA: DAVID SUÁREZ / STYLING: KIRA ÁLVAREZ BUENO / ASISTENTE STYLIST: AGOSTINA MAURO

Actor de prestigio internacional, es un gran constructor de héroes y villanos. Con una larga trayectoria, lo hemos visto con Almodóvar, en El Señor de los Cielos, Narcos, Gringo Hunters, Deseo, Futuro Desierto y, como director, en Polvo. Pero lo que mejor construye es su propio personaje: una vida que cuida, con familia y tiempo para las cosas que disfruta, como la gastronomía o el deporte.

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Este año ha sido muy fructífero para él, con estrenos como Gringo Hunters, en Netflix, producida por Ron Howard y Brian Grazer, donde interpreta a un personaje que quiere hacer las cosas bien en un entorno que conoce: Tijuana. Sus trabajos se mezclan entre rodajes de ficción y otros basados en figuras históricas, como Colosio, Santa Anna o Camilo Cienfuegos. Ahora, con Futuro Desierto, vive un mundo distópico marcado por la inteligencia artificial, un cambio de escenario radical. Conversamos con el actor, a quien elogiamos su capacidad para elegir bien los papeles que han construido su carrera.

“Sí, ha ido evolucionando el porqué. Cuando empecé la carrera buscaba trabajos que me pudieran colocar en la industria como cierto tipo de autor, trabajos difíciles que me permitieran mostrar rango. Hoy, a mis 55 años, quiero estar cerca de mi familia y quiero divertirme. Estoy en un momento muy cómodo porque ya no tengo que demostrar nada, puedo elegir, y ahora es jugar, es divertirme. También juega el elemento de qué puedo aprender del personaje”. Y subraya: “Pero sobre todo ahorita lo que busco es divertirme”.

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Ya sabe lo que no quiere. Le gusta estar cerca de la familia y aprovechar series que no siempre hay oportunidad de hacer, como Futuro Desierto, una distopía de ciencia ficción. “Es algo difícil de hacer en México, no hay muchas historias de ese género. Cuando me ofrecieron esta oportunidad en España, automáticamente brinqué: no voy a tener muchas oportunidades de pelear contra zombis ni de hablar del apocalipsis. Fue un éxito la primera entrega, ya esta segunda se va a estrenar y ya dieron luz verde para la tercera”, dice con orgullo.

Se rueda en Barcelona, una ciudad que José María quiere mucho y donde se siente muy cómodo. Su hermano vive ahí.“Tengo muchos amigos catalanes y, como el rodaje es en verano, puedo llevar a mi familia: ellos estarán comiendo rico y yendo a la playa, y yo estaré peleando contra zombis a 40 grados”.Disfruta de compartir trabajo y familia: “es una gozada absoluta”. Ha vivido en primera fila la evolución del cine mexicano en los últimos años y ahora lo ve más complicado.

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“Hay más trabajo, más oportunidades, tanto de dirigir como de producir y de actuar, pero es a través de plataformas. Levantar una película de manera independiente es difícil; si uno no accede al estímulo del Gobierno, es prácticamente imposible. Entonces, por un lado las puertas se abren, pero solo cierto tipo de puertas, y la libertad de creación ya no es tan fácil. Ahora, por ejemplo, la película que quiero levantar con mi guion es una historia muy sencilla de pescadores; no sé qué tan atractiva pueda ser para una plataforma”, dice dudoso. Sería su segundo largometraje como director y le ilusiona mucho. “El camino no es sencillo. Como actor es más fácil, hay mucho donde escoger, pero como director y productor es mucho más complicado”, reflexiona.

Repasa su trayectoria con orgullo: “Me siento muy afortunado, he tenido la suerte y la oportunidad de trabajar con extraordinarios directores y directoras, con unos elencos bestiales”. Se ha adaptado a muchas maneras de dirigir, con diferentes cineastas, y su método es muy personal: “Yo nunca he creído en la escuela; el oficio se aprende al estar trabajando con gente que sabe mucho y con personas que saben menos, porque también se aprende lo que no se debe hacer. Puedo, con todo orgullo, voltear hacia atrás y sentirme contento con lo que se ha logrado”. Y repasamos todas las etapas que implica hacer una película. “El proceso creativo es lo que disfruto: me encanta hacer la tarea, diseñar el personaje, trabajar en comunión con el director y todo el equipo. Es muy sabroso y estimulante. Lo que menos disfruto es estar en el set, siento que se me pasa la vida entre toma y toma. Todo lo previo me gusta mucho: es nervio, miedo, hallazgos, subes un escalón más. Me fascina”.

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Durante la sesión disfruta de la moda y mira la hora en su reloj Frederique Constant. Es un apasionado de la relojería y le gustan las piezas clásicas y elegantes. Entre rodajes debe repartir sus horas, y hablamos del tiempo: “Me llevo extraordinariamente bien con el tiempo. Si le preguntaras, te diría «Creo que Chema me está desperdiciando bastante». Yo no creo que sea así”, sonríe y añade: “Ya sé lo que me gusta hacer: estar en mi casa, desayunar tranquilo y ponerme yo los horarios de trabajo, de lectura, de escritura. No soy una persona que necesite estar activa todo el tiempo”.

Lo que le apasiona desde muy joven es el deporte, que practica desde niño: el tenis y, ahora, el golf. “Ahorita el golf es lo que más me gusta, entreno a diario. Y también estar con mi hija: la llevo a la escuela, le ayudo con las tareas junto a su mamá. Ya aprendí con mi primera hija, que tiene 16 años y vive en Inglaterra, que el tiempo pasa rápido; con Martina, de 8, lo saboreo todo el tiempo. Me gusta estar en la casa y aprovechar el tiempo a mi manera”.

Entre trabajo y vacaciones viaja bastante, sobre todo, como él dice, para jugar al golf y para comer. “San Sebastián, Madrid son buenos destinos gastronómicos”. Ha viajado por todos lados y le encanta cocinar: “Tengo mis cuchillos, mis sartenes; los fines de semana cocino yo en la casa. Según la gente que me conoce, hago buena carne en su jugo y asados”, dice orgulloso. La pesca es el tema de su próxima película, y también le gusta cocinarla y saborearla. “Mi película será en Baja California Sur”, y ya piensa en platillos. “Toda mi vida he estado pegado al mar, crecí en Baja California; soy de desierto y de mar”. También es hombre de fronteras, donde ha vivido y ha rodado. “Mi papá es de San Ignacio, Baja California Sur, un pueblo de pescadores, y en diez días me voy a la playa. Es un lugar que no solo me tranquiliza: se me bajan los hombros, respiro mejor y me siento creativo”, dice con emoción.

Hablando de imagen, con ropa de tendencia y su reloj Frederique Constant, en la suite del nuevo InterContinental Presidente México City Miyana, confiesa: “Antes era un coqueto con la moda, pero ahora no me cuido tanto. Me encanta la ropa, me encantan los relojes”, y mira el Frederique Constant de su muñeca. “Tengo mi colección, pero, como no salgo mucho de casa, ahora prefiero la comodidad a un look de moda. Toda la ropa de esta sesión y los relojes me parecen espectaculares y me los hubiera llevado a mi casa. Pero ahora lo vivo de otra manera. Por ejemplo, en Buenos Aires ves mucha elegancia; no era gente que iba a la moda, tiene más que ver con la actitud y con lo que te pones. Me gusta, pero la moda ya no es una prioridad: me gusta la ropa de calidad y, más, el estilo clásico atemporal. Quiero invertir en un saco que me dure más que un verano, que fue el error que cometí cuando era más joven y llevaba ropa de una temporada”.

Nuestra cita es en la planta 25 del hotel, con unas vistas espectaculares en las que la ciudad se mete en la conversación. Hablamos de México. “Mira”, me señala, “se ve todo Polanco y Chapultepec. Es una ciudad extraordinaria; cada vez que llego a la Ciudad de México me estimula más, me llena la barriga, me desespera, es un caos, no te deja indiferente. Después ves otras ciudades y te parece que van en cámara lenta, incluso Nueva York: la última vez que fui ya no me pareció lo que me parecía. La Ciudad de México no le pide nada a ninguna ciudad del planeta”. Reconoce que el turismo está cambiando las ciudades: “En Barcelona se nota porque es chica; México es tan grande que no se nota tanto. Yo vivo en San Ángel y no me entero de la oleada de turistas. Está Santa Fe, Polanco, Coyoacán; aquí hay mucho que hacer, con una gran oferta cultural y gastronómica. Estoy extremadamente enamorado de México”, declara.

En cuanto a gastronomía, confiesa sus gustos: “Me gusta Máximo, Rosetta, Tacos Tokio es espectacular; encontré tacos de tripa con asado en un changarrito espectacular cerca de San Ángel. Me gusta Meroma, Voraz. Hay buena comida por todos lados, cada vez hay diez nuevos restaurantes y todos buenos. Me fui a un omakase en la Roma buenísimo”. Disfruta hablando de comida y también de sus hijas cuando viaja: “Quiero que coman bien. Las llevé a disfrutar, en Barcelona, es un lujazo; les dije valórenlo. La pequeña, de cuatro años, no quería nada de espumas yo le decía pruébala, y la mayor lo pasó espectacular Aprender a comer es una gran lección que les puedo dejar a mis hijas. Entre muchas lecciones”.

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