Juan Carlos Gutiérrez
Hay bares a los que uno va por un trago y otros a los que va por una historia. BEKEB pertenece, definitivamente, a la segunda categoría. Recién instalado en Live Aqua San Miguel de Allende, el proyecto de Fabiola Padilla estrena capítulo sin perder la semilla que lo hizo especial. Y nunca mejor dicho: su nombre viene del tzotzil bek, que significa precisamente “semilla”. Desde ahí, la propuesta mira hacia las raíces mexicanas para transformarlas en una coctelería sofisticada, sensorial y, sobre todo, con mucha personalidad. La fórmula funciona porque en 2026 BEKEB alcanzó el puesto 24 de North America’s 50 Best Bars, donde aparece por tercer año consecutivo.

El nuevo espacio también tiene algo de película. Padilla lo define como “Vaquero Barroco”, una mezcla tan improbable como seductora entre el imaginario rural de Los Altos de Jalisco y cierta elegancia cosmopolita aprendida durante sus años en Nueva York. El interior, diseñado por Maye Ruíz, combina cuero, madera, textiles y colores inspirados en los paisajes jaliscienses, mientras los murales de Nef Espino aportan escenas bucólicas y ganaderas. Afuera, la terraza tiene vistas hacia la presa del Obraje entre fibras naturales, terracota, mobiliario artesanal y esas arcadas que recuerdan que estamos, después de todo, en San Miguel de Allende.

Pero si el decorado seduce, la barra es donde BEKEB realmente se pone serio. Su carta Herbolaria Mexicana convierte plantas, flores, raíces y frutos en protagonistas de una coctelería que juega con técnicas contemporáneas como la clarificación. Hay albahaca, tomillo, damiana, rosita de cacao, hoja de higo y siete azahares, acompañados por destilados mexicanos que hablan el mismo idioma del territorio. Entre los imprescindibles están el Tepache, elaborado con piña fermentada y raicilla; el Copal, que mezcla mezcal, vermut, haba tonka y bitters de mole; o el Milk Punch Dragones, clarificado con leche de coco. La filosofía es clara: no disfrazar a México, sino servirlo en una copa con traje de gala.

La historia de Padilla ayuda a entender por qué el proyecto tiene un carácter tan definido. Originaria de San Miguel el Alto, Jalisco, y con una trayectoria que pasó por Nueva York y barras como Cosme, la fundadora ha construido una propuesta que combina técnica internacional con memoria personal. BEKEB no busca simplemente preparar cócteles sofisticados: quiere que cada ingrediente tenga algo que decir. De ahí que la experiencia se sienta más cercana a una sobremesa entre amigos, eso sí, con cristalería impecable, hielo diseñado a medida y una precisión casi quirúrgica que a una clase de mixología.

Y quizá ahí está el secreto de BEKEB: entender que la sofisticación no siempre necesita levantar la voz. A veces basta una buena historia, un paisaje, una planta olvidada y alguien capaz de convertir todo eso en un trago memorable. Su nueva casa en Live Aqua San Miguel de Allende consolida una propuesta que ya forma parte del mapa internacional de la coctelería y que, de paso, demuestra que México tiene mucho más que tequila y mezcal para contar. Aquí cada sorbo tiene territorio, técnica y un poquito de irreverencia. Porque si la semilla de BEKEB nació en México, todo indica que todavía le queda mucho por crecer.

