En una ciudad donde los hoteles de lujo suelen competir en altura y brillo, el Brach Madrid elige otro camino: el de la intimidad bien diseñada. En plena Gran Vía, este nuevo proyecto de Evok Collection no busca deslumbrar desde la distancia, sino invitarte a entrar como si ya supieras dónde está la cocina.

El edificio, levantado entre 1919 y 1922, es casi un archivo vivo de Madrid. Antes de convertirse en hotel, fue estudio fotoperiodístico, hogar de memorias y, mucho antes, parte de un entorno marcado por huellas históricas que incluyen referencias a la presencia de Victor Hugo en la zona durante su infancia. Hoy, esa carga histórica no se borra: se integra. Las escaleras de hierro, las ventanas abalconadas y la piel del edificio siguen contando la historia, solo que ahora con otra iluminación.

La intervención de Philippe Starck no busca domesticar el espacio, sino provocarlo con delicadeza. Él lo define como una “nostalgia moderna que nunca mira hacia atrás”, y el concepto se traduce en contrastes: terracotas profundas frente a blancos casi etéreos, texturas rústicas junto a superficies pulidas, y una estética que no teme ser emocional. Aquí el diseño no es decoración, es narrativa.

Las 57 habitaciones funcionan como pequeños relatos privados. Cada una parece la biografía de un personaje imaginario: notas, objetos, piel, madera y cerámica que construyen un ambiente más cercano a un diario personal que a una habitación de hotel. Incluso los detalles más inesperados —como un caballito de mar recurrente en el diseño— actúan como guiños discretos para quienes disfrutan descifrando espacios.

Pero el Brach Madrid no se queda en la habitación. Restaurante, bar de cócteles, pastelería francesa y La Capsule —un espacio de bienestar de 400 m²— convierten el hotel en un ecosistema completo, abierto tanto al viajero como al madrileño. Bajo la filosofía de Evok Collection, el proyecto también apuesta por la sostenibilidad certificada, con la idea de que el verdadero lujo no es efímero, sino duradero. Starck lo resume sin rodeos: crear algo que sobreviva al siglo.
