La Condesa suma un nuevo destino para quienes entienden que una buena comida no se mide con cronómetro. El Silverio llega a la Ciudad de México con una propuesta que mezcla las raíces catalanas del chef francés Sylvain Roucayrol con el espíritu de la sobremesa mexicana. Tapas, mariscos frescos, pescados a la brasa y una cuidada selección de vinos dan forma a un restaurante pensado tanto para una visita espontánea con vermut y pan con tomate como para sentarse a la mesa durante horas. Aquí, el plan no es reinventar la cocina mediterránea, sino recordar por qué sus clásicos nunca pasan de moda.

La experiencia comienza en una barra en forma de herradura, donde las ostras, almejas, atún, bonito y otras delicias del mar protagonizan una carta que cambia según la temporada y la disponibilidad del producto. La filosofía de Roucayrol es sencilla, ingredientes de calidad, técnica precisa y poca intervención para que cada sabor conserve su personalidad. Una segunda cocina abierta se encarga de las preparaciones calientes y la parrilla, con pescados y carnes que invitan a compartir. Y para cerrar con un toque de nostalgia, los postres tradicionales llegan en un carrito que recorre el comedor. Porque siempre hay espacio para algo dulce, especialmente cuando nadie tiene prisa.

Detrás de esta filosofía hay una trayectoria internacional. Roucayrol comenzó a cocinar a los 16 años y se formó en las cocinas de figuras como Daniel Boulud y Claude Bosi, antes de trabajar en distintos proyectos de Europa y consolidarse como socio y chef ejecutivo de Tuba Club, en Marsella. Su relación con el producto del mar también quedó plasmada en Fish: Cuisiner le poisson de Marseille à Tokyo, un libro realizado junto a la diseñadora Delaney Inamine y publicado en cuatro idiomas. En El Silverio, la chef Léontine Fiat, quien ha trabajado con él durante cuatro años, asume la cocina y mantiene esa misma atención al detalle, con recetas reconocibles y ejecuciones cuidadas.

El espacio también tiene su propia personalidad. Inamine estuvo a cargo de la arquitectura interior y el diseño, combinando referencias tradicionales españolas con elementos de mediados del siglo XX y discretos guiños a Le Corbusier. Las curvas de la barra, las bancas, la iluminación y hasta la veta de la madera forman parte de una atmósfera íntima, ligeramente nostálgica, que evita caer en la postal de una taberna española. El proyecto nació de un encuentro entre Roucayrol, Inamine y los integrantes de Dorado Group, Jun Kwon, Adolfo Martínez y Rafa Ojeda, durante un pop-up en 2025. La búsqueda del lugar ideal los llevó hasta una esquina de la Condesa que terminó convirtiéndose en el escenario de esta aventura gastronómica.

El nombre también tiene historia. Durante el proceso de identidad del restaurante, la propuesta de llamarlo El Silverio condujo al equipo hasta una imagen del legendario músico mexicano Silverio sosteniendo un pescado, una coincidencia tan inesperada como perfecta para el proyecto. Hoy, el restaurante busca convertirse en parte de la vida cotidiana del barrio, con una barra para encuentros informales y un comedor para cenas largas entre amigos, mariscos, carnes a la brasa y buenas botellas. La carta de bebidas incluye vermut de barril, coctelería clásica y vinos de España, Francia, México y otras regiones, incluso etiquetas difíciles de encontrar en el mercado local. En una ciudad que siempre está buscando la próxima novedad, El Silverio apuesta por algo más duradero, comer bien, compartir la mesa y encontrar cualquier excusa para volver.

