Hay semanas en las que Nueva York parece girar alrededor de una sola cosa. Mayo tiene la Met Gala, septiembre trae la Fashion Week y, entre el verano y los primeros días de otoño, la ciudad se entrega al tenis. El US Open 2026, que se disputa del 23 de agosto al 13 de septiembre, vuelve a convertir Queens en el epicentro deportivo del planeta, con el Arthur Ashe Stadium como gran protagonista. Pero aquí el partido no termina cuando acaba el último tie-break: durante estas dos semanas, el tenis se filtra en restaurantes, hoteles, fiestas y cenas, hasta convertirse casi en una disciplina social más.

Queens, por supuesto, merece su propio match point. Flushing Meadows no solo alberga el USTA Billie Jean King National Tennis Center; forma parte de un distrito deportivo que sigue creciendo y que pronto tendrá un nuevo protagonista con Etihad Park, el primer estadio específico de fútbol de Nueva York, que abrirá en 2027 para New York City FC y recibirá a Gotham FC a partir de 2028. Y luego está la comida: Flushing ofrece un auténtico atlas gastronómico asiático, mientras Jackson Heights reúne sabores del sur de Asia, Latinoamérica, Nepal y Tíbet, y Astoria mantiene sus raíces griegas mientras amplía su repertorio mediterráneo y de Medio Oriente. ¿El plan ideal? Dumplings antes del partido, mariscos griegos después y café colombiano para emprender el regreso a Manhattan.

En Manhattan, mientras tanto, el tenis se pone de etiqueta. El pasado 27 de agosto, el Grand Ballroom del Waldorf Astoria New York se convirtió literalmente en una cancha para el inaugural Waldorf Astoria Ballroom Tennis Invitational. Bajo sus célebres candelabros, Tommy Paul, Ben Shelton, Leylah Fernandez y Maria Sakkari protagonizaron dos partidos de exhibición, acompañados por cócteles, gastronomía, encuentros con los jugadores y una buena dosis de glamour. El dress code: “Courtside Chic”. Porque si vas a jugar tenis en un salón histórico de Park Avenue, presentarse con el look adecuado es casi tan importante como el backhand.

La otra gran parada está en Lotte New York Palace, donde la temporada de tenis también se vive desde el histórico Palace Courtyard. El hotel ha convertido la semana del US Open en una experiencia propia con Game, Set, Sparkle, disponible del 24 al 31 de agosto, además de encuentros, watch parties y el Palace Invitational. El concepto resume bastante bien el espíritu neoyorquino: deporte, hospitalidad y espectáculo en la misma jugada. Y mientras el torneo avanza en Queens, el patio del Palace funciona como una elegante grada alternativa, con Manhattan como telón de fondo.

Quizá ahí está la verdadera magia del US Open: ningún otro Grand Slam tiene una ciudad semejante como compañero de dobles. Wimbledon tiene la tradición, Roland Garros tiene París y Melbourne tiene el verano; Nueva York tiene todo a la vez. Un día puede comenzar con un partido bajo las luces del Arthur Ashe, continuar con una ruta gastronómica por Queens y terminar con cócteles en un patio de Madison Avenue o tenis bajo candelabros. En una ciudad donde todo sucede deprisa, el US Open consigue algo extraordinario: que durante dos semanas el tenis no simplemente visite Nueva York. El tenis se convierte en Nueva York.
