Por: Izaskun Esquinca
Durante 15 años, LuxuryLab Global se ha convertido en el punto de encuentro más importante de la industria del lujo en América Latina. Su decimoquinta edición, celebrada los días 7 y 8 de septiembre en el Four Seasons Hotel Mexico City bajo el lema “Next-Gen: 15 Years of Shaping the Future of Luxury”, reunió a líderes de movilidad, diseño, hospitalidad, turismo, belleza, arquitectura, real estate, tecnología, educación, sostenibilidad, medios y consumo para responder una misma pregunta: ¿hacia dónde va el lujo en los próximos años?
La respuesta, según las conversaciones que atravesaron el evento, no está en una sola definición, sino en un cambio de fondo: el valor se está moviendo de la posesión hacia la experiencia, del estatus hacia el bienestar y la identidad, de la estandarización hacia la autenticidad, y de la tecnología como fin en sí misma hacia su capacidad de fortalecer las relaciones humanas.
Para Abelardo Marcondes, fundador y CEO de LuxuryLab Global, esta decimoquinta edición representa más un punto de partida que un cierre de ciclo. Marcondes ha construido, a lo largo de más de una década, la plataforma de lujo más influyente de la región, capaz de convocar cada año a CEOs, tomadores de decisión, marcas globales y expertos internacionales en torno a las dinámicas que están redefiniendo al sector. Bajo su liderazgo, LuxuryLab Global pasó de ser un encuentro anual a convertirse en un ecosistema con extensiones como LuxuryLab Miami, LuxuryLab Brasil, los formatos Pop-Up y LuxuryLab Weekend, además de la línea LuxuryLab ESG enfocada en sostenibilidad e impacto.

Durante su intervención, Marcondes resumió el espíritu de esta nueva etapa, señalando que el verdadero lujo de la próxima generación consistirá en generar emoción, pertenencia y propósito sin perder el alma en el proceso de innovar.
Las cinco grandes tendencias del lujo
Boston Consulting Group aportó una de las cifras más contundentes del encuentro: alrededor del 62% del gasto global en lujo ya corresponde a experiencias, y se proyecta un crecimiento anual de entre 4% y 5% para el sector, casi el doble del ritmo de la economía mundial. A esto se suma un dato que obliga a las marcas a repensar su propuesta de valor: cerca del 70% de los consumidores que cambian de marca lo hacen porque perciben una desalineación entre precio y valor.
A partir de ahí, el programa de esta edición dejó cinco tendencias transversales:
- De “tener” a “vivir”: viajes, gastronomía, hospitalidad, wellness y arte ganan terreno frente a la posesión de bienes.
- El tiempo como nueva forma de riqueza: salud, bienestar y longevidad se consolidan como los nuevos indicadores de estatus.
- La paradoja tecnológica: a mayor presencia de inteligencia artificial, mayor valor adquieren la creatividad, la empatía y la conexión humana.
- Autenticidad frente a estandarización: la identidad local y el sentido de comunidad se vuelven un activo diferenciador.
- Un consumidor más consciente: que exige trazabilidad, durabilidad, resultados medibles y evidencia real del impacto de las marcas.
Uno de los momentos más significativos del encuentro llegó de la mano de Ilze Melngailis, vicepresidenta de Alianzas Corporativas y Sector Privado de Orbis International, quien conversó con el periodista Nacho Lozano sobre cómo las alianzas entre organizaciones y marcas pueden ampliar el acceso a servicios esenciales de salud. A través del caso de la colaboración entre Orbis y OMEGA, Melngailis mostró que una alianza con propósito puede ir mucho más allá del financiamiento, integrando tecnología, embajadores de marca, capacidad mediática y storytelling. Su reflexión central conectó directamente con el espíritu de esta edición: el verdadero lujo no se trata solo de tener acceso, sino de usar ese privilegio para ampliarlo hacia los demás.

Belleza, movilidad, hospitalidad y destinos bajo la misma lógica
La conversación sobre belleza, con voces de Natura Bissé, Francisco Iglesias Beauty and Haircare y Vanidades México, documentó un giro hacia el bienestar integral y la longevidad, donde la ciencia se convierte en el nuevo lenguaje de confianza frente a un consumidor cada vez más informado.
En movilidad, Lexus llevó al escenario una visión de la innovación centrada en las personas, apoyada en conceptos japoneses como el Omotenashi (anticiparse a las necesidades) y el Takumi (la maestría artesanal), para plantear que el verdadero lujo automotriz está en la experiencia sensorial, no en la acumulación de pantallas.

Four Seasons, por su parte, abordó la evolución de la hospitalidad hacia una personalización que respeta los estándares globales pero se adapta a cada persona y contexto cultural, mientras que voces de Malta, Aspen Snowmass y San Miguel de Allende mostraron cómo los destinos se están convirtiendo en verdaderos centros de cultura, economía y pertenencia, más allá del turismo tradicional.

Tiempo de premios
La edición 2026 también entregó sus premios anuales: VisitMalta recibió el LuxuryLab International Award, San Miguel de Allende el LuxuryLab National Award, y el arquitecto Mauricio Rocha fue distinguido con el LuxuryLab Award por una trayectoria construida alrededor del contexto, la comunidad y el propósito. Los tres reconocimientos se materializaron en piezas únicas elaboradas por Uriarte Talavera, vinculando el galardón con la tradición artesanal mexicana.

Como parte de su compromiso con la sostenibilidad, este año LuxuryLab Global apoyó a Saving Our Sharks Foundation, encabezada por su CEO Melodie Treviño, reforzando la idea de que el impacto real requiere pasar de las declaraciones a acciones medibles.
Después de tres lustros reuniendo a los principales referentes de la industria, LuxuryLab Global 2026 dejó una conclusión clara: el futuro del lujo no lo definirá únicamente lo que las personas puedan comprar, sino cómo eligen vivir, en qué deciden invertir su tiempo y con qué marcas, comunidades y lugares construyen una relación duradera. La tecnología y la inteligencia artificial seguirán ganando terreno, pero, según coincidieron las voces de esta edición, su verdadero valor estará en potenciar —y no sustituir— aquello que sigue siendo imposible de automatizar: la creatividad, la empatía, la cultura y la conexión humana.
