Maison Ladurée: París despierta en México

Hay mañanas que merecen algo más que una taza de café apresurada. Merecen una mesa bien puesta, una conversación sin prisas y la sensación de que el tiempo se mueve un poco más despacio. Esa es precisamente la propuesta de Maison Ladurée, la legendaria casa parisina que ha convertido su dirección de Polanco en una pequeña embajada del savoir-faire francés. En un barrio acostumbrado al lujo y la sofisticación, el brunch de Ladurée logra destacar por algo mucho más difícil de conseguir: transportar al comensal a París sin necesidad de abordar un avión.

La experiencia comienza como lo hacen las mejores historias francesas: con una impecable selección de viennoiserie recién horneada. Croissants tradicionales, versiones con pistache, el célebre croissant con esencia de rosas y hasta una elegante reinterpretación de la concha mexicana desfilan por la mesa acompañados de café, té o matcha. Todo sucede en una atmósfera luminosa y refinada que invita a prolongar la sobremesa incluso antes de haber terminado el desayuno.

Pero el brunch no vive únicamente de mantequilla y hojaldre. La carta ofrece clásicos irresistibles como huevos benedictinos, croque monsieur, huevos cocotte y croissants rellenos, junto a guiños locales que recuerdan que estamos en México: chilaquiles, huevos rancheros, enchiladas y omelettes preparados con ingredientes como chile poblano y flor de calabaza. Una conversación gastronómica entre París y Ciudad de México que funciona sorprendentemente bien.

Para quienes consideran que el brunch es una disciplina de resistencia, Ladurée sube la apuesta con propuestas más generosas. Una elegante torre de mariscos con ostiones y camarones, tartar de atún aleta azul y hamburguesas gourmet aportan un aire contemporáneo a la experiencia. Después llegan los postres, territorio donde la maison juega en casa: Pain Perdu, French Toast, el célebre Ispahan, flan parisino y tartas de temporada convierten el final del recorrido en un auténtico ejercicio de indulgencia.

Detrás de todo está una historia que comenzó en París en 1862 y que hoy, más de 160 años después, sigue definiendo la alta repostería internacional. Los legendarios macarons continúan siendo el emblema de la casa, pero el verdadero lujo de Ladurée no se encuentra únicamente en sus vitrinas. Está en su capacidad para transformar un desayuno cualquiera en una celebración del buen gusto. En Polanco, París ya tiene nueva dirección, y se sirve todos los días desde las siete de la mañana.

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