ABRAHAM DE AMÉZAGA
Alberto II tiene la ingente misión de guiar con acierto el rumbo del segundo país más pequeño del planeta. «Mónaco es mi hogar, pero también una responsabilidad hacia el mundo», ha llegado a asegurar.

En él, aparte de mexicanos, aunque no muy numerosos —la cifra es más cualitativa que cuantitativa—, conviven hoy más de 140 nacionalidades, y fue Grace Kelly, quien se convertiría en Gracia de Mónaco, tras su enlace con Rainero II, quien contribuyó a hacer de este lugar «the place to be»; donde irían recalando los rostros más célebres del mundo. Ella lo definía como «un sueño hecho realidad junto al mar».

Con la llegada del verano, son numerosas las novedades y propuestas a no perderse. El Hôtel Hermitage Monte-Carlo, por ejemplo, acaba de desvelar siete de sus nuevas Diamond Suites, realizadas en colaboración con el arquitecto de interiores Pierre-Yves Rochon. Establecimiento, además, en el que Artcurial organiza del 6 al 8 de julio una subasta que es todo un acontecimiento. En la de este año, aparte de un Rolex Sea-Dweller Comex, se propone un collar Panthère de Cartier y un Birkin Himalaya 25, de Hermès, entre los preciados lotes.

La piscina olímpica de hotel más apetecible en la estación más cálida continúa siendo la del Monte Carlo Beach, establecimiento que estrena decoración, de la mano de Dorothée Delaye, con una estética de los años 20. Zanoni acoge estos meses al chef italiano y estrellado Simone Zanoti, conocido por platos especiales, como el carpaccio de pescado o la versión revisada de la pasta cacio e pepe.

Siguiendo por el universo gastronómico, Amazónico Monte-Carlo, más que un restaurante, al mezclar gastronomía y espectáculo; con propuestas para el paladar, como el ceviche de lubina estilo mexicano o el atún laqueado. Muy cerca de ahí, y en plena plaza del casino, una de las grandes instituciones del mundo, el Hôtel de Paris, cuenta desde el año pasado con el Cédric Grolet Monte-Carlo. Un restaurante, boutique y salón de té, en el que destacan los postres trampantojo que han hecho célebre a este chef francés, con catorce millones de seguidores en Instagram.

El Hôtel de Paris, con 162 años de historia, continúa como uno de los más prestigiosos del planeta. En sus orígenes sería concebido para transformar Mónaco, junto al casino, en un destino internacional desde siempre, atrayendo a la aristocracia europea. Su suite Princesse Grace, que sobrepasa los 900 metros cuadrados y posee vistas de quitar el aliento, es una de las más caras, sobrepasando con facilidad los treinta mil euros por noche.

La perla de la Riviera es también centro cultural y de arte de interés, con galerías (Monaco Contemporary, Art Gallery Show y Hauser & Wirth, entre otras), y dos museos a destacar: el Nouveau Musée National de Monaco, que expone desde principios de este mes de julio una muestra sobre el surrealista Victor Brauner, quien decía que «el artista es un proclamador»; así como el Grimaldi Forum, que ahora dedica su gran exposición veraniega al mundo del automóvil unido al Principado, desde 1893 a nuestros días.

En bicicleta, y no en coche, se desplazarán los corredores que participan en La Vuelta, que este año, a finales de agosto, saldrá por vez primera de aquí. Un evento de lo más internacional que es, junto al Tour de France y el Giro, el certamen ciclista más importante de Europa. La cita de lujo que cerrará el verano será el Monaco Yatch Show, que vendría a ser el salón de los yates más impresionantes y a la vez exclusivos del mundo. «Refleja cómo el mundo del yachting ha evolucionado más allá del lujo tradicional, integrando bienestar, innovación y sostenibilidad», explica a esta revista Toby Moore, su CEO.
Entre lo más destacado, el programa Blue Wake, que «impulsa soluciones responsables como propulsión de hidrógeno y materiales circulares, mientras que los nuevos yates incorporan espacios de meditación, iluminación circadiana y conceptos de bienestar para convertirlos en auténticos refugios flotantes», en palabras de Moore. Las fechas en las que tendrá lugar serán del 23 al 26 de septiembre, en el puerto Hércules. Hay quien no duda en definir Mónaco como una combinación de Dubái, Miami y Saint-Tropez; donde la máxima ostentación se ha relajado, dando paso a un lujo que transmite un particular estilo de vida. Un preciado balcón frente al Mediterráneo, que no para de reinventarse cada año, cada estación, y donde como ven siempre hay algo nuevo por descubrir.
