Zinedine Zidane: El fútbol innato

Fotografía: Infobae

Había algo distinto en la manera en que Zinedine Zidane se movía sobre la cancha. Mientras el partido parecía acelerarse alrededor suyo, él jugaba con serenidad, como si cada acción ocurriera a un ritmo propio. Su talento no dependía del exceso físico ni del espectáculo constante: aparecía en un control orientado, un giro inesperado o un pase ejecutado con una precisión casi imposible. Zidane convirtió la técnica en una forma de autoridad silenciosa.

Nacido en Marsella dentro de una familia de origen argelino, comenzó su carrera profesional en el AS Cannes antes de llamar la atención en el FC Girondins de Bordeaux, donde su calidad empezó a proyectarse a nivel internacional. Más tarde, en la Juventus FC, perfeccionó un estilo basado en visión de juego, control y creatividad, consolidándose como uno de los mediocampistas más influyentes de Europa durante los años noventa.

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Su llegada al Real Madrid CF terminó de convertirlo en figura histórica. Ahí dejó una de las imágenes más emblemáticas del fútbol moderno: la volea en la final de la UEFA Champions League Final 2002 frente al Bayer Leverkusen. Un remate que resumía todo lo que representaba Zidane: elegancia, coordinación y una naturalidad desconcertante incluso en los momentos de máxima presión.

Con la France national football team alcanzó la cima al conquistar el Mundial de 1998 y la Eurocopa de 2000, convirtiéndose en símbolo de una generación irrepetible para el fútbol francés. Pero su carrera también estuvo marcada por episodios intensos y contradictorios, como la final del Mundial de 2006, donde su despedida dejó una de las escenas más recordadas en la historia del deporte. Esa mezcla de genialidad y temperamento terminó haciendo su figura todavía más humana.

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Lejos de desaparecer tras el retiro, Zidane trasladó su personalidad al banquillo. Como entrenador del Real Madrid CF consiguió tres Champions League consecutivas entre 2016 y 2018, una hazaña inédita en la competición. Su liderazgo nunca se apoyó en discursos estridentes; aparecía desde la calma, la gestión emocional y la confianza que transmitía al grupo. Incluso hoy, alejado parcialmente de la vida pública, Zidane conserva ese magnetismo reservado que sigue marcando el ritmo cada vez que el fútbol busca una figura capaz de cambiarlo todo.

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