Dónde hospedarse

La mejor forma de descubrir Dallas es elegir un hotel que se adapte a tu estilo de viaje. Si buscas una experiencia de resort sin salir de la ciudad, el Hilton Anatole es una apuesta segura. Rodeado de jardines, con una impresionante colección de arte, varios restaurantes, spa y el espectacular parque acuático JadeWaters, es ideal para quienes quieren relajarse después de un día explorando la ciudad o asistiendo a un gran evento deportivo.

Si prefieres estar en pleno corazón del downtown, The Statler Dallas, Curio Collection by Hilton ofrece una experiencia completamente distinta. Inaugurado en 1956 y renovado respetando su esencia mid-century modern, combina historia, diseño y una ubicación privilegiada para recorrer a pie algunos de los principales atractivos de Dallas. Su rooftop con piscina, bares y restaurantes lo convierten en uno de los puntos más animados de la ciudad cuando cae la noche.
Dónde comer

Dallas vive uno de sus mejores momentos gastronómicos y en 48 horas es posible descubrir algunos de sus imperdibles. El día puede comenzar en Bread Winners Café & Bakery, uno de los favoritos de los locales para disfrutar de un brunch con pancakes, huevos benedictinos, café recién hecho y una extraordinaria selección de pan dulce. Otra magnífica alternativa es el Dallas Farmers Market, donde además de recorrer puestos de productos locales, encontrarás cafeterías, panaderías artesanales y propuestas frescas para desayunar al aire libre.

Para la comida, la parada obligatoria es Terry Black’s Barbecue, considerado por muchos como uno de los mejores BBQ de Texas. El brisket cocinado lentamente, las costillas ahumadas y las enormes porciones justifican cualquier fila de espera. Es una experiencia gastronómica que define el ADN culinario del estado.

Al caer la tarde, la ciudad ofrece dos escenarios completamente distintos. Si buscas una cena elegante con una de las mejores vistas de Dallas, Crown Block, ubicado en la icónica Reunion Tower, combina excelentes cortes de carne, mariscos y coctelería con un panorama de 360 grados sobre la ciudad. En cambio, si prefieres un ambiente más relajado, Bishop Arts District es perfecto para recorrer sus calles llenas de restaurantes independientes, wine bars, galerías y terrazas donde cenar con calma antes de continuar la noche.
Qué visitar
Dallas sorprende porque combina historia, arquitectura, arte y ese inconfundible espíritu texano. Una parada obligada es Wild Bill’s Western Store, una auténtica institución para quienes quieren llevarse un pedazo del Viejo Oeste. La tienda ganó aún más fama recientemente cuando Erling Haaland acudió allí para comprar botas y sombreros para la selección de Noruega, convirtiéndola en una visita casi obligada para cualquier aficionado al deporte.


Muy cerca se encuentran algunos de los lugares más fotografiados de la ciudad. Pioneer Plaza, con su impresionante escultura de una estampida de toros longhorn; The Eye, la gigantesca escultura frente al hotel Joule; y el moderno AT&T Discovery District, donde enormes pantallas digitales transforman la plaza en uno de los puntos de encuentro más dinámicos del centro. Justo enfrente se levanta el histórico Hotel Adolphus, uno de los edificios más elegantes de Dallas.


Para quienes disfrutan caminar, Deep Ellum es probablemente el barrio con mayor personalidad de la ciudad. Sus murales, galerías, cafeterías y locales de música en vivo reflejan el lado más creativo de Dallas. Muy cerca se encuentra el histórico West End, perfecto para descubrir edificios históricos y el pasado ferroviario de la ciudad.

Los amantes de la arquitectura encontrarán un auténtico tesoro en el Dallas Arts District, considerado el distrito de artes urbano más grande de Estados Unidos. Aquí destacan la espectacular Winspear Opera House, el moderno Wyly Theatre y el elegante Meyerson Symphony Center, tres edificios que por sí solos justifican la visita.

A unos pasos aparece Klyde Warren Park, el parque construido sobre una autopista que se ha convertido en el gran punto de reunión de la ciudad. Durante el Mundial fue escenario de los multitudinarios banderazos de aficionados argentinos y franceses, demostrando cómo Dallas sabe vivir los grandes acontecimientos deportivos.

Para cerrar el recorrido, vale la pena conducir hasta Uptown, donde abundan hoteles de lujo, restaurantes, terrazas y boutiques, antes de continuar hacia Highland Park, el exclusivo barrio diseñado por los mismos urbanistas que participaron en Beverly Hills. Mansiones espectaculares, calles perfectamente arboladas y una atmósfera elegante muestran una faceta completamente distinta de Dallas.

En apenas 48 horas, Dallas deja claro que es mucho más que una ciudad de grandes estadios. Entre hoteles con personalidad, una gastronomía que va del mejor BBQ a la alta cocina, barrios llenos de carácter y una escena cultural en constante crecimiento, la ciudad confirma por qué se ha convertido en uno de los destinos más interesantes de Texas. Y aunque el viaje comenzó con una semifinal de fútbol, terminó demostrando que Dallas también sabe ganar el partido fuera de la cancha.

