¿A dónde ir cuando el fin de semana apenas comienza y la noche todavía no tiene planes definidos? CDMX tiene respuestas para casi cualquier estado de ánimo. Desde escuchar un álbum de principio a fin hasta descubrir la complejidad de los destilados de agave, estos espacios proponen experiencias donde la música, la arquitectura y la coctelería forman parte de la misma historia.

En Shhh, la noche comienza bajando el volumen de todo lo demás. Este deep listening room ubicado sobre 99 Records convierte la música en el centro de la experiencia: cada día existe una selección de álbum y artista para escuchar con atención, acompañada de cócteles como el Italian Movie Theme, con mezcal, milk punch, cacao y laurel. Entre madera, luz cálida y detalles rojos, es una pequeña biblioteca para melómanos donde su lema —“The act of listening is a radical one”— adquiere todo el sentido.

En Polanco, Ro upstairs propone otra lectura de la noche. El concreto de sus muros dialoga con la arquitectura urbana de la zona, mientras la iluminación cálida y fría cambia la atmósfera conforme avanza la velada. Aquí el coctel ocupa el centro y la compañía hace el resto, en un espacio que busca combinar música, conversación y una mirada contemporánea a la coctelería.

Subir las escaleras de Salón Rosetta es entrar en un ritmo distinto. En el segundo piso de Rosetta, la luz tenue, las pinturas japonesas, los candelabros de velas y ese verde grisáceo construyen una calma envolvente. La barra acompaña la experiencia gastronómica con cócteles clásicos preparados con ingredientes mexicanos y destilados de la casa, además de una selección de tés de Taiwán, Japón y China.

Para quienes prefieren una atmósfera más misteriosa, Ticuchi se siente casi como entrar en una cueva. Su propuesta gira alrededor de la diversidad de los destilados de agave y de las regiones, procesos y personas detrás de ellos. Sombras profundas, fuego, plantas y un tragaluz que deja entrar la luz crean una escena casi ritual; una invitación a beber con curiosidad y descubrir todo lo que puede contar un destilado. Su ubicación en Petrarca 254 mantiene vivo el espacio donde alguna vez nació Pujol.

Finalmente, FOMA lleva la conversación hacia otro territorio: form + matter. En Roma Norte, su propuesta parte de explorar elementos, ideas, emociones y tradiciones de distintas partes del mundo para convertirlos en nuevas formas de beber. Cocteles como Berry Good, con whisky, té negro y berries; Patagonia Fizz, con gin, toronja y yerba mate; o Spicy Mango-Loma, con tequila, yuzu, mango, cardamomo y habanero, muestran una carta inquieta y experimental. Es ese tipo de bar al que se llega por un trago y se termina recorriendo a través de los sentidos.
