FOTOGRAFÍA CÉSAR DURIONE
En su estudio Vertebral, que cumple diez años, sus arquitectos son artistas, músicos y filósofos que ofrecen vivir el espacio de una manera contemporánea. Entramos en el estudio Vertebral y lo primero que encontramos es un suelo de tierra y piedras, un homenaje a su arquitectura, que mira el entorno donde se asienta: el terroir, el paisaje, como los buenos vinos. Nos reciben decenas de maquetas, algunas suspendidas en el aire, bocetos, dibujos, planos, proyectos y obras terminadas; todo el universo que han creado en los últimos diez años.
Elías es un buen anfitrión y el despacho te hace sentir en casa. Con un lápiz en la mano y muchos sacapuntas por el estudio, entiendes que su arquitectura es de ideas, de lápiz, de reflexión y de creatividad. “La presentación recopila este acervo de diez años de imaginaciones, deseos y búsquedas, no solo proyectos construidos”, nos explica en una selva de diseños, donde se muestra casi el behind the scenes: los edificios que vieron la luz y los que no, con cuadernos y objetos que representan los proyectos.
Lo análogo y lo digital conviven en sus trabajos. Plastilina e impresión 3D; algo infantil que es lúdico y también presentaciones más técnicas, o proyectos de 200 casas en un millón de metros cuadrados en Los Cabos. Casas privadas, proyectos en Japón, pabellones y todo parece flotar. Maquetas inacabadas y manijas de puerta conviven en esta escena que desnuda parte del alma de Vertebral, un estudio de 22 profesionales.

La parte más experimental del trabajo del arquitecto surge, en muchos casos, de los dibujos de la libreta de Elías, que se transforman en collage y desbordan el papel respecto a los materiales. Destaca sus preferencias: “Acero, bronce, madera, concreto. Nos alejamos de lo sintético”. Formado en la Universidad Iberoamericana, recién egresado creó el estudio Vertebral, que celebra una década.
Nos presenta el libro que están preparando, que conmemora los diez años de trayectoria, con diez trabajos emblemáticos ya construídos. “Es una recopilación de nuestro trabajo y del proceso realizado, junto con el producto final: la casa o el edificio, que muchas veces no cuenta la parte completa”. El libro recopila dibujos y destaca, desde el inicio, la manera en que el edificio toca el suelo. La tierra es parte fundamental de sus construcciones: la ground line, o línea de tierra, donde se asienta el edificio; pero Kalach prefiere el término earth line, que habla más del entorno, que para Elías identifica a la arquitectura latinoamericana, “que pertenece a la tierra en la que se construye”.
Se identifica con esa integración de la arquitectura y la tierra y reflexiona: “Vertebral es un estudio más entre muchos otros. Pero ¿qué nos hace diferentes? La arquitectura no se hace de forma aislada; se ensambla como un collage a través de diferentes elementos: espacio, contexto, terreno, temperatura. Visualizamos la arquitectura como un catalizador de experiencias, no tanto como un objeto bello”. Y añade: “Cuando hacemos una casa pensamos: cuando llegas, ¿qué es lo primero que sucede en tu mente? Si es «¡wow!, ¿quién hizo esta casa?», nos equivocamos, porque la arquitectura se hace protagónica. Apreciamos que la casa te permita ver la brisa del mar, que te acerque al contexto donde estás; nuestra arquitectura es una herramienta para experimentar el sitio”.
Aclara: “Otra cosa es un pabellón efímero, como el que proyectamos para el parque de la Alameda Central; pero usualmente consideramos la arquitectura como algo contextual, de relaciones entre partes, que es catalizador de experiencias”. Y sentencia: “Nos dedicamos a soñar, pero la arquitectura se trata de editar esos sueños y debe mirar si ese sueño está moldeado en la dirección correcta”. Para Vertebral, la metáfora y la reflexión son una manera de acercarse a la arquitectura. En sus construcciones, la naturaleza es una aliada; el paisaje aparece por las ventanas con contundencia. El jardín da unidad en Casa Erasto. Hizo una casa que habita el jardín, como una caja de cristal rodeada de jacarandas, bambús o helechos.
En la playa hizo una casa donde el primer impulso fue crear una gran sombra que te permitiera disfrutar el sol: creó una gigantesca sombra de concreto con arena local. Relaciona la arquitectura con los sueños infantiles, como los castillos de arena: un sueño que hacemos realidad. Cuando abordan un proyecto, no ven superficies, sino entornos naturales. La esencia del taller es una reflexión del entorno y de la experiencia que se vivirá en el lugar. También han creado hoteles, como Casa Tenue en la colonia Roma, donde se vive la experiencia de una casa latina restaurada de principios del siglo XX. Une piedra y madera, arte y diseño contemporáneo; las habitaciones respiran calma, tranquilidad y creatividad. Vertebral hace una arquitectura muy humana: vuelve habitables los parques, crea galerías sostenibles —como un proyecto en Berlín pensado como un lugar para que los visitantes se asoleen y, a la vez, sea galería de arte—.
En materia urbana, trabajan la conexión entre espacios; les interesa la sostenibilidad como consecuencia de un trabajo que utiliza materiales cercanos y adecuados, con proyectos que se mantienen de manera eficaz sin dañar el medioambiente. Cuando hacen obra efímera, también piensan cómo puede reciclarse en el futuro, en la segunda vida de la estructura. Kalach reflexiona que la arquitectura se dedica a soñar y también a vaticinar cómo será el mañana, aunque luego el espacio tenga modificaciones imprevistas; la arquitectura también tiene una parte de profecía que construye para el futuro.
