Dieciséis años después de presentar Abel, Diego Luna vuelve al Festival de Cannes con Ceniza en la boca, adaptación de la novela de Brenda Navarro. La película, recibida con una ovación de cinco minutos, coloca sobre la mesa temas como la migración, la ausencia materna y las fracturas emocionales que deja crecer lejos de casa.

Algunos actores no se detienen en la satisfacción de impactar frente a la cámara y buscan abrirse camino en otras disciplinas relacionadas a su quehacer. Este es el caso de Diego Luna, actor y director mexicano que además de tener papeles fundamentales en películas como Y tu mamá también (2001) o Berlin, I Love You (2010) o el proyecto reciente La Máquina (2024), ha perseguido su carrera como director, con proyectos como Abel (2010) y ahora con Ceniza en la boca (2026) estrenada en el Festival de Cannes 2026. Su regreso no pasó desapercibido: la película recibió una ovación de cinco minutos tras su presentación en la sala Buñuel el miércoles 13 de mayo.
Basada en la novela homónima de la escritora mexicana Brenda Navarro, la cinta sigue a Lucila, interpretada por Anna Díaz, una joven que deja su entorno para perseguir una mejor vida en Madrid junto a su hermano, siguiendo el camino de su madre, interpretada por Adriana Paz. Desde esa premisa, la historia se mueve entre las tensiones familiares, la discriminación y la sensación de desarraigo que acompaña a quienes migran demasiado pronto o demasiado solos.

Aunque todavía no llega al público general, las primeras reacciones desde Cannes han colocado a Ceniza en la boca como una de las películas emocionales de esta edición. Podemos suponer que parte de la intriga y el éxito alrededor del filme surge de cómo se aborda la temática de la ausencia materna, quizás no desde el juicio inmediato, sino desde las contradicciones que existen entre el abandono, la supervivencia y la necesidad de comprender por qué alguien decide irse. Una película que genera una complejidad emocional.
La presentación reunió además a figuras importantes del cine iberoamericano como Alfonso Cuarón, Marina de Tavira, Daniel Michel y Gael García Bernal. Entre las reacciones más comentadas estuvo la de Thierry Frémaux, quien confesó haber visto la película hace algunos meses y no haber podido sacarla de su cabeza desde entonces, una declaración que terminó por aumentar todavía más la expectativa alrededor del proyecto.

El propio Diego Luna habló de la película como un recordatorio del padre que no quiere ser, dejando claro que Ceniza en la boca no sólo explora la migración como fenómeno social, también observa las cicatrices íntimas que crecen en medio de ausencias parentales. Dieciséis años después de Abel, Luna vuelve a Cannes con una película que parece mirar de frente a las emociones incómodas: aquellas que rara vez encuentran respuestas sencillas, pero que permanecen durante años en la memoria.
