Tosco, Italia con acento norteño

En una ciudad que ya ha hecho del cruce de culturas una especialidad, Tosco llega con una combinación que, sobre el papel, podría parecer improbable y que en la mesa tiene todo el sentido: Italia y el norte de México. Ubicado en Londres 49, esquina con Nápoles, en la colonia Juárez, este restaurante contemporáneo encuentra su personalidad en el encuentro entre la técnica italiana y el carácter norteño, con una fórmula donde pasta, fuego y vino llevan el hilo conductor. Aquí conviven la tradición de la pasta fresca y la pizza con ingredientes, sabores y preparaciones que hablan de Sonora, del cabrito, las brasas, los aguachiles y la carne seca. El resultado no intenta copiar a nadie; quiere tener voz propia.

La filosofía de Tosco parte de algo tan sencillo como difícil de conseguir: cocinar bien sin complicarlo de más. Después de años de viajar, probar, cocinar y, también, equivocarse, la propuesta apuesta por respetar el producto y dominar la técnica. Así aparecen platos como la Pizza de Cabrito al Fuego, acompañada de frijoles con veneno; el Risotto al Azafrán con Tuétano Ahumado; o el Aguachile Martini, donde el espíritu norteño se convierte en cóctel. En la parte italiana, la pasta se prepara a mano y encuentra uno de sus mejores representantes en el Linguini a la Tartufata, con trufa italiana, mantequilla y parmesano. También hay Pappardelle con berenjena tatemada a la leña y stracciatella de burrata, además de una versión Frutti di Mare con almejas, mejillones y camarones.

Pero si hay algo que realmente enciende la personalidad de Tosco es el fuego. La parrilla y la leña ponen sobre la mesa el lado más norteño de la propuesta, con un Rib Eye a las Brasas de Sonora, High Choice, marinado durante 48 horas en jerez, y un Pollo Carretero Norteño en adobo colorado, acompañado de papas chips y tortillas. Las pizzas, por su parte, llegan después de una fermentación lenta y juegan con distintas posibilidades, desde una Margarita con jitomates Heirloom, mozzarella, albahaca y parmesano hasta una pizza blanca de crema de ajo, mozzarella y chilaca tatemada, pero sin duda, te recomendamos la pizza de salami. ¡Una delicia!

Y como toda buena comida necesita un final a la altura, Tosco reserva un pequeño as bajo la manga para los golosos. El Flan de Gloria, bañado en cajeta y terminado con nuez tostada, se ha convertido en uno de los platos más comentados de la casa gracias a ese equilibrio entre cremosidad, dulzor y nostalgia. ¡Una auténtica locura! Para algo más fresco, la Pavlova Cítrica combina merengue crujiente, toronja, naranja, ruibarbo, namelaka de kéfir y maracuyá. La experiencia, además, no termina en el plato. El restaurante está protegido por un edificio art déco y mezcla materiales honestos, tonos cálidos y referencias al diseño italiano de los años setenta, con televisores vintage, arte de Pedro Friedeberg y hasta un espejo que perteneció a Porfirio Díaz. Todo acompañado por una curaduría musical propia que cambia el ritmo conforme avanza el día.

Tosco también sabe que un restaurante memorable debe funcionar mucho antes de la cena. Por eso abre desde las nueve de la mañana y convierte el desayuno de fin de semana en otra razón para quedarse: hay Pancakes, Burritos Norteños, Gorditas y French Toast, incluso en versiones de tiramisú o natas. Después, la atmósfera se transforma y el espacio se presta igual para una reunión de trabajo, una cita, una celebración o una sobremesa que nadie tiene demasiada prisa por terminar. Porque quizá ahí está la verdadera apuesta de Tosco: no ser perfecto, sino tener carácter. Y en una ciudad llena de restaurantes que quieren sorprender, encontrar uno al que simplemente dan ganas de volver ya es bastante.

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