Juan Carlos Gutiérrez
En Los Cabos, donde el Pacífico suele robarse todos los reflectores, hay una razón para mirar también hacia la mesa. Dentro de Nobu Hotel Los Cabos, Muna celebra su tercer aniversario convertido en uno de los destinos gastronómicos más interesantes de la propiedad. Su nombre, de origen árabe y traducido como “deseos”, resume bastante bien la intención: una experiencia de alta cocina diseñada para despertar los sentidos, donde el Mediterráneo sirve como punto de partida y los productos del Pacífico mexicano aportan el acento local. El resultado es una cocina sofisticada, pero sin solemnidad; de esas que entienden que una gran cena también debe ser divertida.

La propuesta de Muna parte de una idea particularmente atractiva, llevar los sabores del Mediterráneo a Baja California Sur sin disfrazar el producto mexicano. Grecia, Italia, España, Marruecos y otras culturas de esta región aparecen como referencias, mientras pescados, mariscos e ingredientes de productores locales encuentran nuevas formas de expresarse. La carta de vinos continúa el viaje con etiquetas inspiradas en las grandes regiones vitivinícolas mediterráneas, creando maridajes que acompañan la experiencia sin intentar competir con ella. Es, en pocas palabras, un pasaporte gastronómico que no necesita salir de Cabo San Lucas.

Al frente de las cocinas de Nobu Hotel Los Cabos se encuentra el chef ejecutivo Diego Sobrino, cuya formación en el Institut Paul Bocuse y su experiencia de más de una década en restaurantes con estrellas Michelin en Francia aportan una mirada técnica y contemporánea. Su filosofía encuentra un punto de encuentro natural con la visión de Nobu Matsuhisa: trabajar con pocos elementos, pero conseguir que cada uno tenga una razón de estar en el plato. En Muna, esa precisión se traduce en preparaciones que han conquistado a los comensales, desde ensaladas y dips mediterráneos hasta propuestas de mariscos, pastas y carnes. Entre los platos que han recibido buenos comentarios destacan la ensalada griega, el risotto de langosta, la costilla corta y diferentes preparaciones de pasta.

Pero Muna también sabe que una cena memorable necesita algo más que buenos platos. Ubicado en la parte alta de Nobu Residences, el restaurante juega con las vistas panorámicas y el atardecer del Pacífico como parte de su puesta en escena. El ambiente elegante y relajado invita a alargar la sobremesa, mientras la coctelería y la selección de vinos completan una experiencia pensada para disfrutar sin mirar demasiado el reloj.

Para descubrir Muna en todo su esplendor, hay que dejar espacio para algunos de sus platos más representativos. Entre las recomendaciones destacan la ensalada griega, fresca y mediterránea, ideal para abrir el apetito; el risotto de langosta, donde el producto del mar adquiere una textura cremosa y sofisticada; y la costilla corta, una opción de mayor intensidad que pone sobre la mesa el lado más reconfortante de la propuesta. Las pastas de la casa también merecen un lugar en el recorrido, especialmente para quienes prefieren entregarse a ese inevitable placer italiano. Y, por supuesto, el consejo más sensato es acompañar la experiencia con alguna de las etiquetas de la selección de vinos de inspiración mediterránea, porque en Muna, una buena cena siempre merece una copa a la altura.
Muna demuestra que la gastronomía de lujo no tiene por qué ser distante. Aquí el Mediterráneo conversa con Baja California, la técnica se encuentra con el producto y una cena puede empezar con una copa frente al atardecer y terminar preguntándose por qué no pedimos postre. En un hotel donde la gastronomía ocupa el centro de la experiencia, con ocho propuestas culinarias que incluyen Nobu Restaurant, Nami, M Bar y Beyond the Agave, Muna tiene personalidad propia, sin duda es el rincón donde los deseos se sirven a la mesa y el Pacífico pone el paisaje.
