Rosewood Mayakoba, entre la selva y el silencio

Juan Carlos Gutiérrez

Hay destinos a los que uno llega para desconectar y otros que, directamente, parecen haber sido diseñados para recordarnos cómo hacerlo. Rosewood Mayakoba pertenece a la segunda categoría. Entre manglares, lagunas, cenotes y el Caribe mexicano, este refugio de la Riviera Maya te obliga, desde que llegas, a cambiar de ritmo casi de inmediato. Aquí la naturaleza forma parte de la experiencia desde que llegas al lobby.

Aquí, los caminos se recorren en bote o carrito de golf, la vegetación acompaña cada trayecto y el agua es el verdadero protagonista. Son 129 suites y una colección de residencias privadas integradas en este ecosistema, además de una playa, piscinas, el campo de golf El Camaleón y un catálogo de experiencias que invita a descubrir la Riviera Maya desde una perspectiva más cercana y pausada.

Las 129 suites de Rosewood Mayakoba llevan esa conexión con el entorno hasta sus últimas consecuencias. Diseñadas para privilegiar la privacidad y la sensación de estar inmerso en la naturaleza, cuentan con amplias terrazas, piscina privada climatizada, baños con tina y ducha tipo lluvia y, en muchos casos, muelle privado.

Pero uno de sus mayores encantos está literalmente afuera: las habitaciones se asoman a la laguna y permiten contemplar cómo el paisaje cambia con la luz del día. El servicio de mayordomo completa la experiencia con una atención personalizada que puede encargarse desde preparar un baño hasta organizar actividades, traslados o una escapada fuera del resort. Para estancias más largas, las residencias frente a la laguna o al mar elevan todavía más la apuesta por el espacio, la comodidad y la privacidad.

La gastronomía merece su propio itinerario. Bajo la dirección del chef ejecutivo Edgar Chávez, Rosewood Mayakoba reúne distintas expresiones culinarias en una colección de restaurantes y espacios que exploran tanto los sabores de México como influencias internacionales. Casa del Lago comienza el día con desayunos inspirados en distintas regiones del centro de México y, cuando llega la noche, cambia de registro para ofrecer cocina italiana con antipasti, pastas hechas a mano y cortes de carne. Es el tipo de restaurante que demuestra que en vacaciones también puede ser buena idea cenar sin mirar el reloj.

Casa del Lago.

Frente al Caribe, Punta Bonita juega otra carta. Después de una renovación integral, este beach & pool club propone una mirada contemporánea a las costas mediterráneas desde México, con crudos, pescados al grill, pastas hechas en casa, arroces con mariscos locales y platos para compartir. El nuevo espacio incorpora un bar frente al mar, raw bar y horno de pizzas, y cambia de personalidad conforme avanza el día: relajado bajo el sol y más íntimo cuando cae la tarde. Es, probablemente, el lugar donde la frontera entre comer y simplemente dejarse llevar por el paisaje se vuelve más difícil de encontrar.

En Agave Azul, la mirada viaja hacia Baja California para explorar las influencias asiáticas que han marcado su cocina. Técnicas chinas y japonesas se encuentran con pescados y mariscos, acompañados por una selección de coctelería, vinos, cerveza y sake de producción mexicana. Todo sucede frente a las panorámicas de la laguna, porque aparentemente incluso una cena necesita una buena vista. La propuesta convierte cada plato en un pequeño recorrido por distintas geografías mexicanas, con el producto como punto de encuentro. Antes de la cena, tenemos la oportunidad de disfrutar de la experiencia Tasting Reserva de la Familia, una cata guiada por experto sommelier para a descubrir el carácter de los destilados de agave ay donde podemos reconocer aromas, matices y particularidades. Una experiencia pensada para disfrutar, aprender y apreciar con otros sentidos la riqueza de una de las grandes tradiciones de México.

La identidad de la Península de Yucatán toma protagonismo en Zapote Bar, donde los productos, sabores y tradiciones locales se cruzan con influencias de Medio Oriente y una marcada cocina al fuego vivo. Sus cocteles, elaborados con ingredientes de la región y destilados mexicanos, completan una experiencia que funciona tanto para una cena como para prolongar la conversación. En Aquí Me Quedo, frente a la playa y exclusivo para adultos, la propuesta se vuelve más relajada, con cocina costera, coctelería artesanal y comida callejera mexicana servida desde La Cantina. Mientras tanto, La Fondita, en El Pueblito, recupera el espíritu de las fondas mexicanas con tostadas de inspiración contemporánea, y Pan Dulce rinde homenaje a la tradición panadera del país. Para una experiencia más participativa está La Ceiba Garden & Kitchen, donde ingredientes locales, técnicas mayas, cenas colectivas y demostraciones culinarias acercan al huésped a la cocina mexicana de temporada.

Justamente aquí se hace una cena muy especial para los huéspedes. La Chef’s Garden Dinner en La Ceiba Garden & Kitchen es una experiencia culinaria al aire libre que celebra los sabores auténticos de México en un entorno natural único. Bajo el cielo estrellado de la Riviera Maya, los comensales disfrutan de un menú de temporada elaborado con ingredientes frescos del huerto y seleccionados especialmente por los chefs. Una velada íntima donde gastronomía, tradición y naturaleza se encuentran alrededor de la mesa para crear una experiencia tan memorable como deliciosa. Después de la cena, vamos a disfrutar de unos coctéles a Isla Secreta, un speakeasy exclusivo para adultos que invita a desconectar del mundo y dejarse llevar por el ambiente. Aquí, los cócteles artesanales y los destilados mexicanos son los protagonistas de una experiencia íntima y relajada, perfecta para brindar mientras la selva y el Caribe hacen el resto.

Y al día siguiente entonces llega Sense, A Rosewood Spa®, ubicado en una isla rodeada de vegetación y concebido como uno de los grandes centros de bienestar del resort. Con más de 1,500 metros cuadrados, 12 cabinas de tratamiento, circuitos de hidroterapia, vapor, saunas, piscina exterior y gimnasio, el spa extiende su experiencia hacia jardines, cenotes y espacios de meditación. Pero su propuesta va mucho más allá de un buen masaje. La nueva programación combina conocimientos ancestrales con prácticas contemporáneas a través de rituales inspirados en la cultura maya, respiración consciente y experiencias sonoras.

Handpan Soul Session utiliza las resonancias del instrumento para crear un momento de relajación; se trata de una de las nuevas experiencias de bienestar de Rosewood Mayakoba que invita a adentrarse en un momento de profunda calma mientras los ritmos del handpan, un instrumento de percusión conocido por sus sonidos envolventes, donde nos llevaron hacia un estado de relajación, equilibrio y conexión con el presente.

Sacred Breath trabaja con la respiración y la atención corporal; y Resonance propone un viaje sonoro entre instrumentos ancestrales y contemporáneos. A esto se suman experiencias como Balché Experience, inspirada en el vínculo maya con la naturaleza, y Putzia, un ritual individual de reconexión. La noche también adquiere protagonismo con Akbal Series, que reúne temazcales durante los ciclos lunares, encuentros alrededor del fuego y experiencias de cacao con música en vivo. Y para quienes llegan con el cuerpo todavía en modo avión, Jetlag Collection ofrece tratamientos específicos para cuello, espalda, piernas y pies mediante masaje, Gua Sha y reflexología.

Además, también disfrutamos un día fuera del hotel en el Cenote Elvira. Un rincón de acceso completamente privado entre la exuberante selva de la Riviera Maya, donde naturaleza y exclusividad se encuentran en una experiencia difícil de olvidar. La visita comienza con una ceremonia de gratitud guiada por un chamán, seguida de un momento para nadar en las aguas cristalinas del cenote y culmina con un almuerzo tradicional que celebra los sabores de la región. El punto de encuentro es el lobby y el código de vestir invita a la comodidad: ropa ligera, traje de baño y sandalias.

Para los amantes del golf, el paisaje también se juega en El Camaleón Mayakoba, un campo diseñado por Greg Norman que serpentea entre manglares, selva, canales de agua y dunas de arena. Sus 18 hoyos convierten la partida en algo más que una ronda de golf: es una manera distinta de recorrer el ecosistema de Mayakoba, con el Caribe como telón de fondo y la naturaleza marcando el ritmo. Un escenario que, además de exigir precisión con el hierro, hace bastante difícil concentrarse únicamente en la tarjeta de score.

En Rosewood Mayakoba, el lujo termina siendo menos una cuestión de exceso y más una cuestión de espacio: espacio para respirar, para comer sin prisa, para contemplar el agua desde una terraza, para caminar entre manglares o simplemente para no hacer nada durante unas horas. Entre la naturaleza de la Riviera Maya, habitaciones diseñadas para desaparecer dentro del paisaje, una propuesta gastronómica de múltiples acentos y un spa que recupera la sabiduría ancestral para llevarla al presente, el resort propone una forma de viajar en la que el destino no se visita, se vive.

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